El periodista que miraba a la cara

UNA MUESTRA RECOGE LAS FOTOGRAFÍAS DE KAPUSCINSKI DURANTE SUS VIAJES POR LA URSS

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Basta reconocer al hombre con una cámara, poniéndole cara a la historia, en las amplias avenidas y plazas de Moscú, entre los años 1990 y 1991, en los días de las grandes manifestaciones tras el fallido golpe de Estado contra las medidas de reforma tomadas por Mijaíl Gorbachov.

“Cada fotografía es un recuerdo, y a la vez no hay nada que nos haga más conscientes de la fragilidad del tiempo, de su naturaleza perecedera y efímera, que la fotografía”. Esta declaración imperecedera pertenece a Ryszard Kapuscinski, que además de su memoria y sus apuntes acompañó sus experiencias con una cámara fotográfica. El escritor polaco no era un periodista normal: enriquecía sus crónicas con instantáneas y poemas.

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Muestra que recoge las fotografías de Ryszard Kapuściński tomadas entre 1989-1991, cuando el autor recorrió las repúblicas de la ex Unión Soviética. Las fotografías fueron encontradas hace unos años en el archivo privado del famoso reportero.

El resultado es conocido por todos, una vida dedicada a contar la de los demás. Quizá no sea tan popular que en poco más de 10.000 negativos pueden seguirse de cerca los pasos que dio por los restos de la humanidad, desde la antigua Unión Soviética a África. El mundo pasaba por delante de sus ojos y se escapaba por el horizonte sin dejar huella. El ansia de atrapar aquel atardecer irremediable le llevó a utilizar las palabras para mitigar el ocaso de la memoria. Pero no era suficiente, así que empezó a encerrarlo en una pequeña cámara Zorki, una copia rusa de la Leica alemana, a finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado. Con una sola enseñanza: mírales a la cara.

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Kapuscinski se enfrentaba a sus fotos como lo hizo con sus textos, sin teleobjetivo. La distancia del periodista en el acontecimiento marca el tono de sus testimonios y él estuvo siempre cerca del ser humano, de sus reivindicaciones y sufrimiento. Ahora, siete años después de su muerte, todos los relatos sobre su vida y obra terminan en loa. Y, sin embargo, basta reconocer al hombre con una cámara, poniéndole cara a la historia, en las amplias avenidas y plazas de Moscú, entre los años 1990 y 1991, en los días de las grandes manifestaciones tras el fallido golpe de Estado contra las medidas de reforma tomadas por Mijaíl Gorbachov.

Un testigo sentimental

“La fotografía es, por naturaleza, sentimental, porque con cada toma captamos un breve instante de la realidad, apenas una fracción de segundo. Al ver la fotografía más tarde, somos conscientes de que el momento que representa ya pasó, de que nos estamos asomando a un pasado que ya no existe”, escribió sobre la esencia visual que queda patente en la selección de imágenes de la breve exposición que ha preparado la Casa del Lector, en Madrid, sobre la aventura fotográfica de Kapuscinski, titulada El ocaso del imperio.

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El periodista falleció en 2007 en la ciudad de Varsovia.

La suya fue una persecución de la historia fugitiva, en un imperio en crisis y descomposición, que recorrió durante más de 70.000 kilómetros, atravesando la Unión Soviética, desde Brest a Magadán y desde el círculo polar hasta la frontera con Irán y Afganistán. Visitó cada una de las repúblicas de la unión y padeció los inviernos más crudos, los veranos más calurosos. “Condiciones en las que la mera supervivencia física representaba un problema”, cuenta el lado más literario del periodista. La construcción novelesca del personaje Kapuscinski tiene en estas fotografías el mejor de los aliados, donde la fragilidad de un Estado y la debilidad de los rostros protagonistas hablan de la paciencia, la sensibilidad, la intención, la atención y, desde luego, la selección de la realidad que más le interesaba.

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Tomas de grandes manifestaciones marchando con sus banderas y pancartas, bajo los síntomas de una protesta comedida y sin gritos ni cargas. La contención manda en la desintegración del comunismo, reflejo de un pueblo sufrido. Kapuscinski capturó pedacitos de tiempo que desbordaban la tinta.

elconfidencial.com, Peio H. Riaño (04/04/2013)

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