Valladolid alberga la primera muestra de la “enigmática” fotógrafa fallecida Vivian Maier, que “llegó para quedarse”

vivian_1

La Sala Municipal de Exposiciones de San Benito de Valladolid acoge desde este miércoles, por primera vez en Europa, la exposición de fotografías de Vivian Maier, una niñera estadounidense de origen europeo que llevó en secreto durante décadas su actividad fotográfica y que, tras ser descubierta su obra en 2007 cuando ya había fallecido, se ha situado “para quedarse” junto a los grandes exponentes de la fotografía urbana de mediados del Siglo XX.

“Enigmática”, “desconocida”, “fascinante” son algunos de los adjetivos que han dedicado a Maier el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, y la comisaria de la muestra, Anne Morin, que han participado en la presentación de la exposición este miércoles en la sala de exposiciones de San Benito.

En este espacio los vallisoletanos y visitantes podrán conocer la obra de esta fotógrafa en la primera exposición que llega, “no sólo a España, sino a Europa”, como ha recalcado el primer edil vallisoletano. A partir de aquí, ha detallado la comisaria, las imágenes recorrerán distintos países como Francia, Bélgica o Suecia durante los próximos tres años.

La exposición recoge unas 120 imágenes —70 de ellas inéditas— y nueve películas en formato Súper 8, que sitúan a Maier como un exponente de la ‘street photographie’ de la segunda mitad del Siglo XX, que Anne Morin ha calificado como la “vena americana de la fotografía humanista francesa”. La comisaria ha aseverado que de manera inesperada y ya fallecida, Vivian Maier “ha llegado para quedarse en la cola de los grandes fotógrafos de ese época” junto a “Henri Cartier-Bresson y Helen Levitt”.

La “peculiar” historia de Vivian Maier se debe observar una vez ya concluida su vida, ya que falleció en 2009 sin saber que unos meses antes John Maloof había adquirido un armario que la niñera había depositado en el guardamuebles de una empresa que decidió subastarlo ante los impagos de la arrendataria.

Este personaje, que llevaba a cabo una investigación sobre los años 50 y 60 del pasado siglo en Chicago, en primer lugar no dio demasiada importancia a las fotografías, aunque llegó a difundir alguna de ellas por las redes sociales e incluso a ofrecerlas en venta por Internet, hasta que el crítico Allan Sekulla le advirtió del potencial del legado de Maier.

Desde entonces, Maloof comenzó un trabajo de “archivista” para comenzar a revelar los 6.000 carretes y 100.000 negativos que conformaban la obra fotográfica —aún quedan muchos por positivar— y que han llamado la atención en los últimos años de los expertos en fotografía y de los medios de comunicación como una muestra de la fotografía urbana americana de la segunda mitad del Siglo XX.

Nacida en Nueva York en 1926, se especula con que sus primeros contactos con la fotógrafa se produjeron en su adolescencia en los Alpes franceses, a donde había regresado junto a su madre una vez que el padre, de origen austriaco, dejó el hogar familiar. Allí, madre e hija convivieron con la fotógrafa Jeanne Bertrand, quien pudo dar pie a la afición de la joven.

De vuelta a Nueva York en 1951 comenzó a trabajar como niñera y a tomar fotografías de la vida cotidiana en sus paseos por las calles de la ‘Gran Manzana’. Como ha relatado, Morin, primero trabajaba con una cámara Kodak “muy básica”, pese a lo que se encuentran imágenes “de gran calidad”.

Fotógrafa en secreto

Posteriormente adquirió una ‘reflex’ y se mudó a Chicago, en 1956, para trabajar en casa de una familia de clase alta con tres niños, donde pudo contar con una habitación y un baño privados en los que por primera vez pudo instalar un laboratorio y revelar imágenes. Maier llevó este trabajo con absoluto secretismo, por su “timidez aguda”, ya que, preguntados hace pocos años, los hijos de la familia aseguraron desconocer la actividad fotográfica de su niñera.

Los tres vástagos, a los que cuidó entre 1956 y 1972, tuvieron que ayudarla posteriormente a salir adelante cuando, ya en los años 90, Vivian Maier se vio en una situación de “miseria”, por lo que sus últimos años transcurrieron en un anonimato que para nada coincide con la relevancia que ha adquirido su obra fotográfica en los últimos cinco años.

En los pasillos de San Benito se pueden observar retratos de ciudadanos neoyorquinos y chicaguenses de todas las edades y todas clases sociales, imágenes de sus calles, de los trabajos cotidianos y, en un porcentaje apreciable, autorretratos de la fotógrafa que, según Anne Morin, “se buscaba perpetuamente para saber quién era”.

“Si hubiera adquirido un reconocimiento comparable al de Cartier-Bresson durante su vida, hubiera sido obligatorio para ella imprimir sus imágenes. Pero realizaba fotografías por puro placer y como medio de expresión para sí misma”, ha detallado el alcalde de Valladolid.

Para esta exhibición, que se dirige a todos los públicos, se ha diseñado un material para escolares, asociaciones y colectivos que consiste en una propuesta de itineración por la exposición en la que se proponen diferentes recorridos y preguntas de reflexión sobre lo visto.

Los centros escolares y asociaciones que lo deseen pueden llamar al teléfono 902 500 493 para reservar día y hora para realizar la visita guiada gratuita que se ofrece. La exposición de esta “maravilla” de la fotografía de la América urbana permanecerá abierta desde el 8 de mayo al 8 de julio del 2013.

Europa Press (o8/05/2013)

Anuncios