Los chicos de la morgue

Max Merz retrata el día a día de Remigijus y Nerijus, embalsamadores en Vilnius

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Fotografías: Max Merz

Hay quien piensa que en tiempos de crisis hay que regalar a los pueblos imágenes ligeras y humorísticas, para mejorar el estado de ánimo colectivo. El fotógrafo alemán Max Merz opina todo lo contrario, sugiere que en tiempos de crisis resulta especialmente provechosa una mirada al mundo muy apegada a la cruda realidad, y que no hay nada más real y más crudo que la muerte.

Las fotografías de estos dos hermanos, aficionados al heavy metal por la tarde y operarios de una morgue por la mañana, no tienen como objeto deprimir a nadie, según Merz, sino “explorar los límites” y quizá recordarnos lo afortunados que somos. “Los problemas se relativizan ante estas imágenes”, dice el fotógrafo, que reconoce que su actitud durante el reportaje fue “esconderme detrás de la cámara”.

Fotografías: Max Mertz
Fotografías: Max Merz 

Remigijus, el mayor de estos dos hermanos que viven y trabajan en Vilnius, se presentó un día en la puerta de la morgue en busca de trabajo. El dueño pronto se percató de que tenía mano firme manejando cadáveres y lo contrató en seguida. Años después trajo a su hermano pequeño, Nerijus, y desde entonces trabajan juntos. “El jefe sabe que beben algo de alcohol antes de comenzar los embalsamamientos, pero lo entiende”, relata el fotógrafo. Las fotos dejan constancia, además, de que las pausas para fumar un cigarro, entre cuerpo y cuerpo, cobran una vital importancia en esta jornada laboral, que teóricamente no requiere trabajadores cualificado, pero para la que no vale cualquiera. Merz confiesa que, cuando uno de los hermanos apareció en la habitación con la primera bolsa de plástico negro con un cadáver dentro, sólo tenía un pensamiento en la cabeza: “Por favor, que no sea un niño”.

En blanco y negro y primeros planos que respetan solo el rostro de los muertos, Merz recoge la rutinaria incisión desde el pecho hasta la pelvis, el desagradable proceso de retirada de los fluidos corporales y la costura posterior. Son imágenes que se repiten a diario pero que casi nadie ha visto nunca. “El día siguiente me permitieron volver, ya sin que su jefe estuviese presente, y me encontré con imágenes aún más difíciles. Había un suicida que se había ahorcado y al que la soga había abierto una fea herida en el cuello. Curiosamente, sonreía. Eso sí, no me permitieron hacerles preguntas, no querían hablar, solo me dejaron tomar las fotos y por la noche me invitaron a un concierto de heavy”, recuerda Merz.

Fotografías: Max Mertz
Fotografías: Max Mertz” 

Son dos personas sencillas, muy cordiales. No tienen grandes sueños, les gusta divertirse y disfrutan con la música”, describe.

Otro valor de este trabajo fotográfico inicialmente publicado por ‘Der Spiegel’ es la actitud del autor ante la muerte como objeto asépticamente fotografiado. “Yo nunca había visto un cadáver, no tenía miedo pero sí mucho respeto. Detrás de la lente, yo veía gente muerta y nada más, me ocupaba solamente de las características del diseño, por ejemplo las líneas, cruciales en estas fotos”, resume Merz su trabajo. El resto, lo ponía la realidad.

elmundo.es, Rosalía Sánchez, Berlín (15/05/2013)

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