“Desenfomexicado”

No ha habido páginas de sucesos como las del México DF de Enrique Metinides

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Fotografías: Enrique Metinides

Los disparos de Enrique Metinides dejan casi siempre un reguero de sangre en la mirada. Se trata de una sangre, eso sí, nada metafórica. Real como la propia sangre, pero que se desborda en cada instantánea en un recuerdo imborrable y teñido de rojo. Metinides, el mítico fotógrafo mexicano, nos apunta a todos con cada foto y acierta de pleno haciéndonos un agujero inmenso en la frente. Nos obliga Metinides, como mucho tiempo antes hizo el Gran Wee-Gee, a asomarnos a ese abismo insondable y aterrador denominado ‘crónica de sucesos’.

Los de Blume publican ahora ‘101 tragedias de Enrique Metinides‘, su abultado currículo en formato libro, editado y prologado por Trisha Ziff, y el volumen se convierte en uno de esos escasos ejemplares que hacen de la supervivencia del papel algo obligado por decreto ley.

Novela negra, pura y dura, en fotografías hechas para ilustrar los mismos periódicos que mañana servirán para envolver pescado, o churros, o morcillas. Metinides nos regala una novelaza negrísima en cada foto ‘noir’ en enchilada con extra de picante. 101 tragedias, ahí sí que el título es de lo más revelador, reconvertidas en relatos ‘pulp’ a partir del primer vistazo. Poco, muy poco hay que explicar al respecto más allá de lo que sugieren y explican los pies de foto de cada captura, obra del propio fotógrafo.

Aquí, en el territorio Metinides, una imagen vale más, mucho más que mil palabras. Mucho más que los pocos pesos que recibía este ‘voyeur’ profesional al publicarlas. Tomemos algunos al azar. Os aseguro que no hace falta tener la imagen delante para poder ver, nítidamente, cada foto. Sin embargo, recomiendo hacerse con un ejemplar de este libro para contrastarlas, completarlas; verlas, en definitiva. No os arrepentiréis:

Ciudad de México, 26 de julio de 1953.

Fotografías de Enrique Metinides.
Fotografías de Enrique Metinides.

Casi cada día ocurre en la ciudad un crimen pasional de este tipo. Soledad Chávez Herrera había sido asesinada con un cuchillo por Máximo, su celoso esposo. Tras fotografiarla, seguí el cuerpo hasta el depósito de cadáveres, donde fotografíe el arma homicida, a los policías que contemplaban el cuerpo sin vida y a la desconsolada familia. Cuando era posible, me gustaba fotografiar no solo la escena del crimen, sino también el arma, así como obtener imágenes del conjunto, como si estuviera rodando una película de lo que hubiera sucedido.

Ciudad de México, 20 de noviembre de 1964.

Fotografías de Enrique Metinides.
Fotografías de Enrique Metinides.

Cuatro hermanos y hermanas observan la pelea entre su padre y su madre. Él le disparó y después de suicidó. Preferí fotografiar los efectos en la familia, la tristeza de los niños, en lugar del horror y el drama del asesinato. No como los fotógrafos de hoy en día.

Cuajimalpa, Ciudad de México, hacia 1970

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¡Ésta es una buena historia! Fui con la Cruz Roja a recuperar el cadáver de una persona que había sido asesinada y arrojada en la carretera a Toluca. El plan era sacar el cuerpo del barranco como si fuera una piñata. Cuando llegamos al lugar de los hechos decidí que el mejor ángulo para tomar la fotografía era desde lo alto. En la carretera no podía ver nada. Por ello subí a un árbol para obtener una perspectiva mejor, pero entonces me di cuenta de que tras de mí había un precipicio, y que estaba atrapado. No podía bajar. ¡La Cruz roja me tuvo que rescatar también a mí!
Fotografías de Enrique Metinides.

elmundo.es, Marga Nelken, Madrid (22/05/2013)

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