¿Es posible el erotismo?

‘The new erotic photography’

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¿En una época en la que la pornografía está en todas partes?
Si es que hay dos ideas distintas. Un puñado de fotógrafos aún lo intenta.

Hubo un tiempo en el que el erotismo fotográfico estaba lleno de filtros de ‘flou’ (ese efecto suavizante tan demodé), cuerpos largos y estilizados y poses seductoras. Era el largo tránsito desde algo suavizado artificialmente con aquellos filtros llenos de almíbar hasta la larga sombra de Helmut Newton. Éste retrató las piernas más largas del mundo, acabadas en pubis sin tapujos, barbillas erguidas, frías miradas en un erotismo lejano, muy alemán.

Pero, ¿qué es hoy el erotismo? ¿Qué queda de esa exaltación que el arte viene enalteciendo desde sus inicios? ¿Qué es el erotismo en los tiempos en los que la pornografía está a un clic de la vida de cualquiera con una pantalla a mano? ¿Existe hoy diferencia entre erotismo y pornografía? La editorial Taschen propone en ‘The new erotic photography’ un escenario muy actual de los autores que se mueven en este, para algunos, embarazoso territorio.

Y si tomamos como verdad absoluta la tesis del libro, hay que decir que la frontera entre erotismo y pornografía no ha desaparecido por completo. Cuenta Dian Hanson, editora de American Pornografic Magazine, y una de las impulsoras del proyecto, que una de sus colegas Gloria Leonard hablaba así de esa frontera: “La diferencia entre pornografía y erotismo es la iluminación”.

Hay que decir que muchas de las escenas que contiene el libro podrían ser contempladas como una forma más o menos delicada de pornografía, por muy bien iluminadas que estén. Probablemente es una forma de provocación, algo inherente a este tipo de imagen. Provocación, por cierto, que está en el receptor y no en el emisor. Las imágenes que podrían ser más polémicas del libro no son más que escenas íntimas, impúdicas, tratadas con sensibilidad. Puede que no sean las fotografías que un padre de familia colgara en su despacho; sin embargo, son retratos bien elaborados de escenas que la mayor parte de la población internauta tiene al alcance de su ratón. Y bastante mejor trabajadas. No solamente en cuanto a iluminación, también composición y actuación ante la cámara.

El libro cuenta con el mejor cartel actual. Y entre esos autores extraemos a algunos de ellos.

Yasuji Watanabe, que cuenta con un largo listado de exposiciones individuales, ha conseguido colgar a sus chicas tokiotas en las paredes de las galerías de arte. Trabaja con una de las iluminaciones más duras de las que encontraremos en el conjunto del libro. Watanabe asegura haber tenido la mejor relación fotógrafo/modelo con una chica lesbiana, ya que su desinterés sexual por los hombres le permitió atravesar rápidamente una barrera que suele obstaculizar ese trabajo conjunto.

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Maki Miyashista, otro japonés del elenco, apunta hacia un retrato plano, sin artificios, de mirada a cámara, prácticamente documental. Sólo una de sus fotografías se sale de ese territorio para entrar en lo onírico. Esas bragas tendidas al sol, contra el blanco de las nubes, sobre un edifico industrial y un cartel escrito con la grafía japonesa.

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De Collin J. Rae se puede decir que es el más fetichista de toda la colección. Los pies están presentes en toda la obra recogida. Él mismo se considera un fetichista: una característica imprescindible en sus modelos es que tengan dos bonitos pies. La luz filtrada en color es otra de sus señas de identidad. El estadounidense describe su trabajo como cinematográfico, basado en las películas de terror blando y cine negro de las décadas de los 60 y 70.

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Otro norteamericano, Ed Fox, es mucho más explícito. Pero también sensual. Su retrato de esta joven en su provocadora pose es una de las muchas imágenes del libro en el que el erotismo roza la pornografía, cuando no entra en su terreno directamente.

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Fox explica en el libro su forma de trabajar de una forma tan entusiasta que dan ganas de asistir a una de sus sesiones: ‘Me siento poseído. Comienzo a chasquear los dedos, bailoteo y comienzo a hablar solo’.

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El libro recoge el trabajo de 39 fotógrafos de 10 países. Desde el potente blanco y negro de Markus Amon, Bob Carlos Clarke o James Graham hasta el abrasador color de Ivana Ford, la iluminación de Mariano Vargas o la belleza salvaje de Larry Utley. Entre sus páginas se encuentra la obsesión por los senos de Missy Suicide o de Jive, los colores irreales de Jan Saudek -probablemente el trabajo más conocido- o la poética visual de Will Santillo. Aunque todo es pose, es muy llamativa la representación ante la cámara de Olaf Martens, además de la elegancia de Florian Lohmann, las miradas provocadoras de Chas Ray Krider o lo artificial de Mike James. Algunos de ellos, Naomi Harris, Ludovic Goubet o Susan Egan, ofrecen porno sin tapujos. Sin olvidar la mirada sensual y el labio a medio morder de Bruno Bisang que sirve como portada. Una imagen sugerente que demuestra que a veces insinuar es suficiente.

elmundo.es, Ángel Casaña, Madrid (22/05/2013)

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