Sexo, escultura y canon clásico según Robert Mapplethorpe

LA OBRA DE ROBERT MAPPLETHORPE LLEGA A LA GALERÍA ELVIRA GONZÁLEZ DE MADRID

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Fue un formalista clásico pero en los tiempos del pop. Empezó en el underground pero acabó fotografiando cuerpos casi como quien los esculpe en mármol. Hizo erotismo pero también naturaleza muerta y bodegón. Sus primeras fotografías causaron el escándalo de sus coetáneos, que las tacharon de pornografía; por las últimas museos y galerías de todo el mundo pagaron, y siguen pagando, sumas millonarias.

Quizá el genio de Robert Mapplethorpe (Nueva York, 1946-1989) residió en que no se tenía por fotógrafo profesional, pese a fotografiar mucho y muy bien. O quizá en que, pese a formar después parte de la vanguardia pop, trabajó antes como vigilante nocturno en la Phillips Collection de Washington D.C., lo que le dejó mucho tiempo para admirar estatuas en la penumbra y contemplar en la oscuridad a El Greco o Renoir. Lo cierto es que los manuales de fotografía le recuerdan hoy, casi 25 años después de morir, como uno de los grandes de la disciplina en el siglo XX, que es como decir en toda la historia.

La razón es simple. “Mapplethorpe es uno de los artistas que llega y marca los puntos de vista con los que los siguientes artistas tratarán estéticamente una serie de temas a partir de él”, explica Isabel Mignoni, directora de la madrileña Galería Elvira González, que a partir de este jueves acerca a la capital 32 trabajos del fotógrafo neoyorquino en el marco del Festival Off de PHotoEspaña 2013.

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Las obras, la segunda colección de Mapplethorpe que pasa por este espacio, forman parte de una de las etapas técnicamente más refinadas del autor, la que va de 1980 hasta su muerte en 1989. Durante esta década el fotógrafo, explica Mignoni, “llegó a su expresión artística más personal, tanto en los temas que trata como en la forma de tratarlos”.

Desde sus cuerpos masculinos, que retrató entonces sexuales y despersonalizados como estatuas griegas decapitadas por los siglos, hasta violentas naturalezas muertas contra el negro. También fue entonces cuando ajustó al máximo su claroscuro, uno minucioso, contrastado y preciosista que hacía de la piel nácar o ébano –según– y del músculo, puro mármol.

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Las imágenes del último Mapplethorpe, así, son consideradas el trabajo de madurez del autor, que llegó a fotografiar admirando más lo representado que representándolo, como un pintor barroco. “Sus trabajos de entonces son de una exquisitez y de una preocupación estética increíbles”, precisa Mignoni, que pone como ejemplo representativo de la etapa su Shell and Crystal de 1986, la fotografía de la concha de un nautilo pertrechado de cristales. “Los dispuso de tal forma que parecían parte del animal mismo”, explica Mignoni, para quien la pieza resume en sus atributos todo aquello que es la obra de Mapplethorpe: “muy plástica, tierna y a la vez fría y, sobre todo, tremendamente erótica”.

Un formalista en la vanguardia pop

El paso de Robert Mapplethorpe –que solo cursó unos estudios inacabados en diseño gráfico– a la fotografía comenzó de forma casual, cuando un amigo le regaló una cámara Polaroid con la que hizo sus primeras series, entre ellas una de su entonces compañera de piso, la cantante y artista Patti Smith. Hasta entonces Mapplethorpe solo había recurrido a fotografías ajenas y en collages, más cercano como estaba más a la estética pop.

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Fue en la década de los 70 cuando Mapplethorpe adquirió su primera cámara decente y comenzó a retratar profesionalmente, primero por encargo y después a algunas de las personalidades de la pujante escena artística de Nueva York, como Andy Warhol, Grace Jones o Debbie Harry. También fue entonces, desde su mismo inicio en la fotografía profesional, que Mapplethorpe empezó a buscar el formalismo , como se aprecia en el paralelismo que construyó entre su retrato de Smith de 1975 y el autorretrato de Durero de 1500.

Su rápido predicamento en los circuitos de fotografía más comercial –algunas de sus sesiones, entre otros a Richard Gere o Arnold Schwarzenegger, acabaron publicadas en Vogue o Vanity Fair– tampoco alejó al artista de otro de sus grandes temas, el erotismo, el sadomasoquismo y la estética bondage.

Si algunas de sus fotografías homoeróticas de estudio fueron ganando visibilidad tímidamente durante la década de los 80, habría que esperar a 1989, poco antes de la muerte del artista, para conocer algunos de sus trabajos más provocadores en Mapplethorpe: The Perfect Moment, una colección itinerante organizada por el Institute of Contemporary Art que fue censurada en la Corcoran Gallery, la institución artística privada más grande de Washington. Los retratos, se supo después, habían disgustado a miembros del Congreso e incluso el comisario de la exhibición fue procesado judicialmente por promocionar la obscenidad, aunque encontrado inocente.

Quizá por eso, porque muchos de sus trabajos tuvieron que vencer la resistencia del puristanismo de la época –en 1990 la American Family Association llegó a pretender la clausura de una de sus exhibiciones póstumas alegando que su trabajo “no es más que una presentación sensacionalista de materiales potencialmente obscenos”–, hoy muchos han erigido los trabajos de Mapplethorpe en icono mismo de la lucha por la tolerancia. “Fue un abanderado de las libertades, aunque quizá fuese consciente de la magnitud que alcanzarían sus trabajos”, explica Isabel Mignoni.

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En 2012 Ondi Timoner anunció que rodaría Mapplethorpe, un biopic con James Franco en el papel protagonista –antes el actor ya había aparecido homenajeando al fotógrafo en una sesión de fotos de moda– que contaría la breve trayectoria del artista, que perdió la vida a los 42 años de edad por complicaciones derivadas del sida. Su amiga Patti Smith le dedicó un libro en 1996, The Coral Sea, y lanzó en 2010 Just Kids, una autobiografía centrada en su relación con el fotógrafo. También James Crump habló de él en 2007 con su documental Black White + Gray.

Poco después, en 2010, los integrantes del grupo británico Scissor Sisters oficiaron como comisarios de honor en una gran retrospectiva sobre Mapplethorpe celebrada en Reino Unido, después de elegir una de sus fotografías –el primer plano de los glúteos del bailarín Peter Reed, una musas más recurrentes de Mapplethorpe junto a Lisa Lyon– como carátula de su tercer disco, Night work. Cuando un periodista le preguntó al vocalista del grupo, Jake Shears, que cuál era la primera fotografía de Mapplethorpe que había visto, no supo qué responderle. Después aclaró que “es como que te pregunten que cuál fue la primera canción de los Beatles que escuchaste“.

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“Así es también como se ha ganado a muchos aficionados”, sentencia Mignoni. “A través de la simpatía por la figura histórica y no solo por el artista. Por suerte hoy la sociedad ha ido evolucionando, y aunque muchas de las fotos más fuertes siguen siendo chocantes, ya no se perciben de la manera en que fueron recibidas en su época”.

Antes de morir el artista fundó The Mapplethorpe Foundation, depositaria hoy de su legado e involucrada desde entonces en la gestión de sus fotografías, cuyos beneficios revierte en parte en la investigación en la lucha contra el sida.

elconfidencial.com, Ruben Díaz Cabiedes (22/05/2013)

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