Y la fotografía se convirtió en democracia

EL ‘MICROBLOGGING’ FOTOGRÁFICO TRASTOCA EL RUMBO ARTÍSTICO DE LA DISCIPLINA

A simple vista está claro. Tienen grano, un elegante halo negro en los bordes y ese bajo contraste que ha puesto tan de moda Instagram, la ubicua aplicación de Apple para compartir fotografías amateur en las redes sociales

y_la_foto1

Por tener tienen hasta manchas de luz, unas aberraciones que hace años arruinaban instantáneas y que hoy, sin embargo, convertidos en capricho estético de muchos aficionados a la fotografía gracias a modelos como Lomography, parecen indispensables en cualquier instantánea que se ajuste, o que lo intente, al canon establecico en Internet.

Pero no. Estas dos imágenes son tan poco Instagram que ni siquiera son digitales. Han sido tomadas con Ondu, un modelo de cámara de madera recién anunciado por el estudio homónimo y su inventor, un joven diseñador esloveno de nombre Elvis Halilović. Inventor por llamarlo de alguna manera, claro, ya que no ha inventado nada.

Las Ondu son en realidad cámaras oscuras, dispositivos para tomar fotografías y el único ingenio capaz de hacerlo, de hecho, hasta la invención del daguerrotipo en 1816. Por sencillo que suene consisten en una caja con un pequeño agujero perforado en un lado y un papel sensible en el interior. No tienen lentes ni obturador. La foto se hace sencillamente destapando brevemente el agujero.

Sin embargo, sus descendientes tecnológicas –y quizá habría que hablar más de resurrección que descendencia– arrasan casi 200 años después, al menos en Internet. El esloveno busca hoy financiación para comercializar sus prototipos y subió el proyecto hace 10 días a Kickstarter, una plataforma de crowdfunding. Necesitaba 10.000 dólares y ya supera los 67.000.

Una burbuja de burbujas

¿Irá por ahí el futuro de la fotografía amateur? ¿Regresando al pasado tanto, pero tanto, como para recuperar los ingenios de principios del siglo XIX? Si no lo hace, como parece más probable, desde luego no será cuestión de estética. Será porque estas cámaras oscuras son de madera y tienen conexión posible a internet, que desde hace años rige los designios de este arte que muchos denominan el octavo. Pero lo vintage no es problema. De hecho, desde la llegada de la era digital y, en particular, del boom de Instagram, Hipstamatic y el microblogging fotográfico, la historia de la fotografía de aficionados ha corrido tecnológicamente hacia el futuro, pero estilísticamente hacia el pasado.

Juan Manuel Castro Prieto habla de “una burbuja dentro de otras burbujas”. Así es como define este autor el panorama actual de la disciplina. “La profesional es una burbuja, la de autor es una burbuja, la aplicada es una burbuja… Todas las diferentes formas de hacer fotografía son burbujas. No se conectan entre sí, no se influencian y cada una tiene su propio panteón de héroes, que son totalmente desconocidos en las demás”.

Por eso para el autor, premio en PHotoEspaña y de la Comunidad de Madrid, fenómenos como el de Instagram o Hipstamatic no suponen una amenaza para el rumbo estilístico de la fotografía profesional. “Estamos hablando de la globalización de la fotografía y de su popularización entre los usuarios de Internet”, sentencia. “Servicios como Instagram son divertidos, tienen la gracia de la instantaneidad pero el producto no busca contar algo o presentar un producto artístico elaborado, sino solo ser bonito. Son fotos resultonas, pero que no cuentan nada. No es una forma de expresión personal, sino una herramienta para que el fotógrafo, en este caso aficionado, difunda sus fotos y estas lleguen a una gran cantidad de personas”.

Es decir: que el microblogging con fotos es más una forma de vivir y socializar que una de crear, lo que en principio lo desprovee no de interés artístico, pero sí de “relevancia”, según Prieto, para quien lo de menos, dice, es que las fotos “no sean las mejores” desde el punto de vista técnico.

No es el primero que lo piensa, claro. “No importa que las fotos no sean perfectas. Mientras las personas capturen momentos, estaré feliz”. La frase, todo un vaticinio de lo que empezaría a ocurrir en el siglo XXI, se atribuye a Bruce Dorbowski, que junto a su hermano Winston comercializó un modelo de cámara de bolsillo, la Hipstamatic 100, en 1982.

y_la_foto2

Su error comercial, claro, fue proponer un revival cuando los revivals no se estilaban, en una década –quizá la última– en la que el arte, la moda y los apetitos estéticos eran aún futuristas y no albergaban, como hoy, inquietudes tan retro. La Hipstamatic –que en su nombre evocaba a la legendaria Instamatic, la línea de cámaras domésticas de Kodak que triunfó en los 60 y 70– fue un fracaso del que no llegaron a fabricarse más de 200 ejemplares.

“El lenguaje de nuestra civilización”

En aquel entonces, en la década de los 80, la fotografía doméstica solo conocía un rumbo: el refinamiento técnico. Se trataba de hacer fotos cada vez mejores y más baratas. Nadie esperaba ningún susto al respecto.

En La fotografía como instrumento social, escrito en 1974 por la fotógrafa y ensayista Gisèle Freund la autora explicaba que la disciplina, a la que denomina “el lenguaje de nuestra civilización”, había llegado a un punto muerto en su popularización entre los ciudadanos, a quienes por cierto sí creía capaces, pero no habilitados, para demasiado ejercicio artístico.

y_la_foto3

“Los aparatos fotográficos construidos con ayuda de la electrónica son cada vez más refinados”, escribió la autora. “Y sin embargo hasta un niño puede aprender en pocos minutos cómo utilizarlos. Todo se halla ajustado automáticamente. Ya nadie puede fallar una foto desde el punto de vista técnico. Esa es una de las razones del inmenso atractivo de la foto entre las masas”. Otra, explica Freund, es que el hombre común “lleva una vida cada vez más monótona” y que hacer fotos da al aficionado “la ilusión de satisfacer su deseo de creación”.

Es demoledor, pero no hay que preocuparse demasiado. Lo más probable es que Freund reelaborase su teoría de todo esto de haber vivido para ver el boom retro en Internet, las fotos en Instagram a las que se aplican filtros de envejecido o falsas texturas de grano y las manchas de luz que busca las Lomography o las recién nacidas Ondu, por poner solo unos ejemplos. La fotografía amateur, hoy lo sabemos, no aspiraba a la perfección técnica. Al menos, no sin más. Tanto así que, cuando la ha conseguido, ha decidido renunciar a ella y hacer estética de la aberración lumínica, del desenfoque y del poco contraste.

elconfidencial.com, Rubén Díaz Caviedes (26/05/2013)

Anuncios