Luis Baylón: ‘Sólo fumadores’

El fotógrafo Luis Baylón inaugura exposición, Pequineses, el próximo 4 de junio en Espacio Foto, dentro del festival internacional de fotografía PhotoEspaña, en su sección Off. El que fuera compañero de García-Alix en Vallecas recibe en su casa a la escritora Esther García Llovet, que lo retrata en este perfil.

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Ahora que sabemos que Madrid ya nunca será Berlín es el momento de recordar que siempre fuimos una ciudad de fumadores. Fumadores, perros perdidos y putas baratas en las esquinas. Gatos, viejos, toros “y churris”, dice Baylón desde la cocina donde prepara café. La casa de Luis Baylón es larga, estrecha, forrada al milímetro de fotos y dibujos, postales, recortes de prensa hasta en el techo. Una casa en blanco y negro. Él mismo va de negro: la ropa, las gafas y el pelo negrísimo; a primera vista parece mejicano, un cantante de rancheras que en vez de arrancarse a cantar empieza a hablar y ya no lo para nadie. A hablar y a fumar.

Acaba de regresar de la India, nos cuenta, del Kumbha Mela, un festival religioso que se celebra cada doce años y que ha acabado por convertirse en un espectáculo y mercado para turistas. “Ahora vas por la calle y hasta los parias van hablando por el móvil. La gente circula con cuatro por cuatro por la calle”. La India, la India cremosa de Baylón, Jaisalmer. Sus retratos del Ganges con la Rollei. “La llevé estropeada desde Madrid, aquí no me la supieron arreglar pero allí se la llevé a un indio que me la desmontó pieza a pieza, como si estuviera escribiendo un libro. En dos días ya estaba hecho: la Rollei funcionando otra vez.” La Rollei es su marca de fábrica y compañera más fiel, pero la verdad es que todo empezó con una Canon que le llegó de rebote de manos de un argentino cuando vendía sus cosillas en un mercadillo de Ibiza, con dieciocho años.

En el 80 consigue su primer trabajo profesional como retratista en colegios que compagina con su posterior faceta de freelancero; después cae en sus manos su primera Rollei, una Rolleiflex 2F que le regala su padre en el 84 y desde ese momento todo viene rodado: Ajoblanco, El País Semanal, El Europeo, El Mundo Magazine, Tentaciones y la legendaria El Canto de la Tripulación. A finales de los 80 monta estudio con Quico Rivas y García-Alix en Vallecas y en el 94 se produce su encuentro decisivo con Bernard Plossu, Cualladó y Javier Campano. En el 98 lanza Entrefotos con Caprile y en el 2001 recibe el Premio de La Comunidad de Madrid, Madrid, la más guapa del baile, su novia perpetua.

Aquella Rollei original acabó por romperse en Benarés y ahora utiliza sus piezas como repuesto para las otras cuatro que guarda en la sala de revelado junto con varias Mamiya, una Canon 5D, la Hasselblad, una Hexar y una Nikon FM2. El laboratorio es la habitación más grande de la casa, ventanas cubiertas y una pila negra de pvc que tiene aspecto de tanque para descomponer cadáveres. Fotos aquí también por las cuatro paredes y archivos etiquetados de cientos de miles de negativos: “Tarde de Toros”, “Autorretratos, “La baskita de los 80”, “Putas” (sic). “La película que prefiero es la Tri-X de 400 ASA de 120 mm y formato medio”, dice mientras trastea entre las cámaras. Sus fotos en las paredes, grises, cuadradas, parecen retratos de santos; las locas, los carteristas, los borrachos: todos de Madrid al cielo.

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También tira del color, en especial cuando trabaja para marcas como Swatch o discográficas como Polygram: ha hecho carátulas a Los Enemigos, a Estrella Morente, a Tomasito, a Pitingo (una serie que empezó con Pitingo acabaron encargándosela a Alfredo, el fotógrafo que está esta tarde nos acompaña para el reportaje, por un curioso remate del cantante que cambió de “look” en el último minuto). Fotos de Marruecos en el pasillo, fotos de pequeños niños pequineses. Lo primero que hace Luis Baylón al levantarse es echar el I Ching para ver lo que le traerá el día; después, se fuma su primer cigarrillo. “En Pekín la gente va con mascarilla por la calle, es tremendo, no se puede respirar”. Su próxima exposición será sobre el último viaje que ha hecho a Pekín, en la galería Espacio Foto (Viriato 53) para el festival Off Photoespaña. La inauguración será el próximo 4 de junio a las ocho de la tarde: estáis todos invitados. Veréis el humo de Pekín, el humo de Baylón.

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Pequineses (Luis Baylón)

Me pasa un American Spirit, su marca preferida, un tabaco tan fuerte que parece que el humo va a desplomarse al suelo de puro peso. Para las fotos posa con boquilla y sigue fumando aunque estemos rodeados de material altamente inflamable. Él mismo es inflamable, explosivo, está cabreado Baylón con este Madrid que se acaba, con los políticos y toda esta panda de ladrones: “Habría que ir a degüello pero de verdad, nada de la chorrada del Twitter, hacerlo en la calle con esta gente que tenemos”. Está cabreado con el gobierno, con “los pijo-peras de algunas escuelas de fotografía que cobran una millonada por los cursos”, y sobre todo con la falta de respeto que hay ahora por la profesión de fotógrafo. “Ahora es fotógrafo cualquiera”.

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Nos trae el café. Es negro, negro, no podía ser de otra forma. Nos rodean los estantes cargados hasta reventar de libros de Patinir, de Plossu, de su amigo Max Paum. Me pasa un libro suyo en Lunwerg. Está Madrid, ahí, una ciudad real. Él siempre prefiere el analógico al digital, “En Francia al analógico lo llaman argentique y al digital numerique. Yo prefiero el argentique”, dice. Como tiene voz de humo, de humo negro, argentique suena a authentique, a auténtico, a verdad, y lo crees, lo compras, no queda otra. Miras sus fotos y ves que las de Pekín o las de Marruecos o las de la India todas se parecen a las de Madrid hasta que caes en la cuenta de que no es que se parezcan entre sí las fotos si no que se parecen a él, a Luis, que ha conseguido eso tan raro y tan extraordinario que es que aquello que haces se parezca a ti mismo. Y eso es lo mejor o lo único que merece la pena que puede pasarte en esta vida.

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