Axel Hütte, la naturaleza produce sueños

Ventana verde

El 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente. Lo celebramos en ‘El Asombrario’ con uno de los más grandes artistas actuales que trabajan con la naturaleza: el fotógrafo alemán Axel Hütte, que, en la línea del romanticismo nórdico, capta lo onírico de los paisajes. “Transmito los sueños de la realidad”. Ahora podemos contemplar algunas de sus obras en la muestra en torno a la colección Helga de Alvear que se ha abierto recientemente en CentroCentro, en Madrid.

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En el CentroCentro del Ayuntamiento de Madrid, en los bajos del Palacio de Cibeles, se ha inaugurado recientemente una muestra, El arte del presente, comisariada por María de Corral, con obras seleccionadas de la extraordinaria colección (más de 2.500 obras, que será expuesta en un futuro próximo en Extremadura) de una de las galeristas más importantes, Helgar de Alvear, nacida en Alemania en 1936 pero en España desde que tenía 21 años. Ahí, entre obras de Pipilotti Rist, Juan Muñoz, Weiwei, Helena Almeida, Ángela de la Cruz y muchos otros, encontramos a un fotógrafo que nos llama poderosamente la atención: Axel Hütte, uno de los mejores representantes de las últimas décadas a la hora de enfocar la naturaleza. Y a él queremos dedicar la sección de hoy, víspera del Día Mundial del Medio Ambiente.

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Axel Hütte (Essen, Alemania, 1951), surgido de la Escuela de Düsseldorf, es un maestro de los laberintos de árboles, en repetición de troncos hasta la esencia, hasta la sonata, hasta el ritual, un maestro de ceremonias de la imponente presencia de rocas, nieblas y montañas peladas-plateadas, de los reflejos sobre el agua que desdibujan los contornos y hacen confundir la realidad con lo onírico, lo objetivo con lo imaginado. Aunque se formó con Hilla y Bernd Becher, famosos por sus series repetitivas de edificios industriales, el inconfundible estilo minimalista de Hütte, en fuga hacia lo abstracto, nos presenta la naturaleza en gigantescos formatos y logra que los humanos nos sintamos pequeños. La sensación de infinitud de la imagen -con su especial forma de situar la línea del horizonte- y la fragilidad de los límites físicos son algunos de los aspectos característicos de la obra de Hütte. “Mi enfoque consiste en mostrar imágenes familiares de forma extraña”. “Creo una imaginación de la imagen”. En la línea del romanticismo del Norte, sus cielos son a menudo grises y plomizos, sus horizontes severos. Aunque muchos hablan de su estética fría, hay que estar muy lejano de lo que nos cuentan las montañas y los lagos para no sentir emoción en sus paisajes, que le han convertido en uno de los fotógrafos más reconocidos de la escena internacional en todos los géneros; ha expuesto en el Guggenheim de Nueva York, el Pompidou de París y el Reina Sofía de Madrid, en una gran exposición hace casi diez años en el Palacio de Velázquez del Retiro. En Madrid, también ha expuesto en la Fundación Telefónica. A raíz de esa muestra, explicó a los periodistas que no enmarcaría su obra en la abstracción, aunque la roce, ni en el ámbito documental, sino que trata de explorar en lo imposible. De ahí que haya confesado que se puede pasar varios días contemplando el reflejo de un árbol en el agua o cómo se generan ondas en la superficie de un lago; y que solo cuando está seguro de que está contemplando algo que nunca antes ha visto, “al estilo de los románticos, en su sentido oscuro y sublime”, dispara la cámara. Pocos disparos pero precisos, efectivos. De hecho, algunas de sus imágenes recuerdan al maestro alemán de la pintura romántica, Caspar David Friedrich.

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Axel Hütte ha repetido en diversos medios el concepto de su trabajo: “He evolucionado hasta captar en mis fotos no una realidad en sentido puro, sino una especie de alucinación o realidad onírica”. De ahí que vacíe sus imágenes de referencias humanas: “En cuanto una persona hace su aparición en una fotografía, se genera un relato, una estructura narrativa que tiene mucho que ver con la situación de interacción urbana. No me interesa ese relato”. E insiste nuevamente en lo que le interesa en frases como estas que pueden encontrarse en los catálogos de sus exposiciones: “Transmito los sueños de la realidad”. “Todo esto se acerca a la idea de que, más allá de la realidad, hay un sueño, una imaginación de la realidad, y esto es la idea central de mi trabajo”. “Creo que lo importante es mostrar o simular el espacio, la imaginación es la que puede ver lo que está detrás de la superficie”. “Intento transferir lo que he visto a una especie de sueño, de visión de la realidad, de manera que las personas puedan soñar por sí mismas”.

A raíz de una de sus visitas a Madrid para exponer en la galería que le representa en España -Helga de Alvear, claro-, explicó en una entrevista firmada por Javier Díaz-Guardiola, uno de los periodistas de arte con más carrera, en el diario ABC: “Soy un viajero, que se mueve a través del tiempo y el espacio. El enfoque me lo da el viaje. Hace años que me di cuenta de que tenía que viajar 3.500 kilómetros para conseguir la imagen que buscaba. Una vez que estoy en un lugar, pienso en qué imágenes son muy familiares y han sido reproducidas infinidad de veces, porque eso es exactamente lo que yo no quiero hacer. Una de las razones que me mueven a hacer una foto es que algo me parezca extraño”.

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En la colección de Helga de Alvear ahora exhibida en el centro de Madrid, también encontramos obra de otro gran fotógrafo, el danés Olafur Eliasson, cuya trayectoria no puede entenderse sin su gran conexión con la naturaleza, sobre todo en su obra Horizontes y en sus series sobre glaciares, cuevas y volcanes, donde juega con la frialdad documental, el detalle y los ángulos poco convencionales. Eliasson, famoso por meter un gran sol en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres, ha estado especialmente interesado en mostrar la relación entre tecnología y naturaleza, pero, en esta ocasión, en CentroCentro nos ofrece otra de sus muchas perspectivas. Eliasson, que también ha tenido magníficas exposiciones en Madrid, en el Reina Sofía y en la Fundación Telefónica (la muestra en esta sala se llamó precisamente Caminos de Naturaleza), vive actualmente en Berlín, y su estudio, lleno de colaboradores y artistas que confluyen en él para compartir experiencias y obras, es un ejemplo 2.0 del estudio renacentista, por la manera tan interdisciplinar de acercarse al arte. Pero entre esos variados acercamientos, no nos olvidemos de su atracción por enfocar la naturaleza, lo que empezó a darle proyección mundial, y que parte de sus raíces en una isla de sobrecogedora naturaleza, Islandia, donde a sus habitantes no les queda otro remedio que firmar una alianza de convivencia y respeto con ella.

eldiario.es, Manuel Cuéllar (03/06/2013)

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