Picasso, visto por su amigo Lucien Clergue

El fotógrafo francés y presidente de la Academia de Bellas Artes de Francia exhibe por primera vez en Madrid sus retratos íntimos del pintor y recuerda cómo era

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Lucien Clergue, ayer en el Instituto Francés de Madrid (Ignacio Gil)

En el 40 aniversario de la muerte de Picasso, su buen amigo Lucien Clergue ha querido estar presente con una exposición en la Galerie du 10 del Instituto Francés en Madrid (Marqués de la Ensenada, 10). Es la primera vez que expone en la capital. Ya lo hizo en la Maestranza de Sevilla con Curro Romero como testigo de excepción. «Picasso, mon ami» reúne un puñado de las numerosas instantáneas que hizo al artista en su entorno más íntimo durante sus últimos 20 años.

Se conocieron en 1953 en una corrida en Arles, su ciudad natal. Clergue tenía 19 años, Picasso 73. Pese a esa intensa amistad, siempre se refiere a él como don Pablo. Tal es la admiración y respeto que siente por el maestro. Lucien Clergue (1934) es fotógrafo. En 1970 fundó los Encuentros de Fotografía de Arles y preside la Academia de Bellas Artes de Francia. Ayer estuvo en Madrid y contó, con desparpajo y un español con marcado acento andaluz, enjundiosas anécdotas sobre Picasso.

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Lucien Clergue y Picasso en 1956 (ABC)

Nos desvela que le salvó la vida. Literal, no metafóricamente, que también. Tenía buen ojo para todo. Un día le vio mala cara y le envió al médico: «Me operaron a vida o muerte». Pero también le salvó profesionalmente:«Cambió mi vida. Le enseñé mis fotos, me ayudó. Hizo el cartel de mi primera exposición, la portada de mi primer libro, dejó que le fotografiara… Me dio suerte». Don Pablo, añade, «se sentía muy cercano a los fotógrafos. Decía que no sabía hacer fotos. Era mentira. Sus retratos de Dora Maar son mejores que los de Man Ray. “Ahora que está la fotografía ya puedo morir”, decía».

Noches de flamenco

Recuerda las «fabulosas» noches de parranda en las que se cantaba y bailaba flamenco: «Una noche me llamó por teléfono y al oír la juerga nos hizo ir a todos a su hotel». Cuelga en la muestra una imagen en la que el malagueño se arranca a bailar. En otra, observa atento cómo toca el guitarrista Manitas de Plata, a quien Clergue descubrió y dio a conocer. Hablaban de toros y toreros, de España… No se fue en paz, dice, por no volver a pisar su país. Y nos cuenta un secreto:«Según su biógrafo John Richardson, hubo un acercamiento entre Picasso y Franco para hacer una exposición suya en España. Al final algo pasó y nunca se hizo».

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«Picasso con cigarrillo». Cannes, 1956 (Lucien Clergue)

«Don Pablo se levantaba a las doce del mediodía, veía el correo y los diarios, recibía a los amigos, comía y trabajaba de 4 de la tarde a 4 de la madrugada. Era capaz de hacer ocho obras en un solo día. Tenía una mano fantástica», explica Clergue. Su foto preferida, un célebre retrato que hizo a Picasso en el 56, cigarrillo en la mano:«Es el símbolo del hombre, del pintor. Era muy serio (su nieta Diana me pidió un retrato de su abuelo en el que estuviera sonriendo, porque siempre se le veía triste en las fotos), pero no tan duro como lo pintan».

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«Picasso ante un anticuario de Arles»,1969. (Lucien Clergue)

¿Ni siquiera tan mujeriego como dicen? Clergue sonríe pícaramente… «No me hablaba de mujeres. Pero Jacqueline sorprendió un día a la asistenta sentada en sus rodillas –nos cotillea– y perseguía a mi mujer». Jacqueline, dice, «lo amaba profundamente. Estaba furiosa por no haber tenido un hijo suyo y nunca aceptó su muerte. Estuvo acostada junto a su cuerpo muerto varios días, comenzó a beber. Un día pasé a verla. Allí estaba aún el pijama de Picasso. Me enseñó una pistola. Ella decía que era para defenderse, si alguien entraba en casa, pero me temí lo peor. Años después se suicidó».

abc.es, Natividad Pulido, Madrid (21/06/2013)

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