Bilbao recuerda hoy las riadas de 1983, su mayor catástrofe natural

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La mayor catástrofe de Euskadi, las inundaciones de 1983, cumple 30 años

Bilbao regresa hoy al 26 de agosto de 1983, cuando las inundaciones arrasaron la capital y varios pueblos de Bizkaia y Álava, en la que ha sido la mayor catástrofe natural que se recuerda en Euskadi, con 34 muertos y cinco desaparecidos.
En internet, se pueden ver fácilmente las imágenes de la tragedia, con la ría desbordada, anegando el mercado de abastos de la Ribera.
Todavía hoy varias marcas en el Casco Viejo que indican el nivel que alcanzó el agua, a tres metros de altura.

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Un hombre examina uno de los muelles de la ría de Bilbao. © Alfredo García Francés

La riada llegó al final de la Aste Nagusia (la Semana Grande) de fiestas de Bilbao.
Toda la semana había llovido mucho, pero eso no era extraño en los veranos de Bilbao. Hasta que el viernes 26 de agosto, la cortina de agua se convirtió en tragedia debido a una “gota fría”.
Los problemas comenzaron la mañana del viernes en Gipuzkoa, con caseríos aislados, pero Bilbao estuvo tranquila hasta el mediodía.

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El puente de la Merced (al fondo), en el Casco Viejo de Bilbao, quedó parcialmente destruido por las graves inundaciones.
© Alfredo García Francés

Para las tres de la tarde, la ría del Nervión, la arteria de la ciudad, ya amenazaba con salir del cauce.
Cayeron 503 litros de lluvia por metro cuadrado en 24 horas corridas, de las 09.00 horas del viernes a las 09.00 horas del sábado.
Esa tarde, el Nervión se desbordó desde Llodio (Álava), veinte kilómetros hacia el interior, hasta la desembocadura.

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Un convoy de Renfe fue arrastrado hasta la ría debido a la fuerza del agua durante la riada. Esta foto fue tomada dos días depués de las tres trombas de agua que finalmente hicieron desbordar los ríos. © Bernardo Pérez

La fuerza devastadora del agua mató ese día a 39 personas, causó pérdidas por más de 200.000 millones de las antiguas pesetas y arrasó 101 municipios vascos.
La magnitud de la tragedia se pudo apreciar cuando la ría volvió a su cauce. El agua se había llevado en Bilbao puentes como el de Bolueta o La Ribera, destrozó edificios en barrios como La Peña o el Peñascal, carreteras y vías de tren, y centenares de comercios y locales del Casco Viejo quedaron anegados.
Se llevó hasta uno de los símbolos del Bilbao de entonces, el barco “Consulado”, atracado permanentemente en la ría, que fue dando tumbos hasta hundirse y nunca ha sido sustituido.

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Llodio: las calles quedaron llenas de coches, tras el paso de dos riadas en menos de dos horas. © Bernardo Pérez

Aguas arriba, los municipios estaban destrozados: Basauri, Galdakao, hasta llegar al alavés de Llodio, que tenía entonces un joven alcalde llamado Juan José Ibarretxe.
Se acumularon miles de toneladas de barro, de restos de viviendas y de coches, que desde el mismo sábado comenzaron a retirar los cinco mil voluntarios que se presentaron para ayudar, más bomberos, policías y Ejército.
Armados con botas de goma y una pala, todos trabajaron sin descanso para limpiar la ciudad.
Miles de vizcaínos vivían entre el lodo, sin luz y sin agua corriente, por lo que camiones cisterna repartían agua, mientras soldados suministraban alimentos.

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Los vecinos de Bilbao trabajaron hombro con hombro para retirar los escombros, vehículos y materiales que arrastró la riada, paliando la falta de infraestructura de la época. © Alfredo García Francés

Tampoco había teléfono, así que la radio recobró la importancia de antaño, al convertirse en el único medio de comunicación para muchas familias que dejaban mensajes tranquilizadores que emitían las emisoras.
Periódicos de aquellos días recogían en titulares como “Euskadi arrasada”, apuntaban que el resto de España “se volcó en el envío de alimentos” y reflejaban la imagen del entonces lehendakari, Carlos Garaikoetxea, recorriendo lo que quedaba del Casco Viejo.
Viajaron a Euskadi los Reyes de España y el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, quien poco después anunciaría la declaración de zona catastrófica.

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Una mujer camina entre escombros en Llodio. Otras localidades, como la costera Bermeo (Bizkaia), quedaron incomunicados por tierra durante días debido al estado de las carreteras. © Raúl Cancio

Aquellas fueron las inundaciones de la solidaridad, pero también hubo quién intentó aprovecharse de la situación y se detuvo a treinta saqueadores en los dos días siguientes a la riada.
También se denunció a especuladores que vendían una barra de pan a 100 pesetas y una botella de agua a 140 pesetas.
La catástrofe agravó la crisis económica que ya sentía Bizkaia, agobiada por la reconversión industrial.

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Un puente de un municipio de Álava, con un gigantesco agujero provocado por la riada. © Bernardo Pérez

Pero poco a poco, la ciudad gris, contaminada y decadente que era Bilbao, con su casco histórico arrasado por las inundaciones, resurgió.
Por un guiño del destino, ese mismo año, el 83, tocó un segundo premio de la lotería de Navidad en Bilbao, que dejó 7.000 millones de pesetas. Fue una ayudita, porque costó una década entera rehabilitar el Casco Viejo.
Quince años después, en 1997, se inauguró el Museo Guggenheim, el símbolo y motor del renacimiento de una villa que hoy recuerda las inundaciones, una palabra que a cualquier bilbaíno todavía le produce escalofríos.

fuente: lainformacion.com, Efe, Bilbao (26/08/2013)

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