El Edén perdido de Philip-Lorca diCorcia

Philip-Lorca
‘Iolanda’, 2011. Inkjet print. (101,6 x 125,7 cm). Cortesía del artista y David Zwirner, Nueva York/Londres.

Philip-Lorca diCorcia (Conéctica, Estados Unidos, 1955), quien está considerado uno de los fotógrafos más importantes de su generación, es un hombre parco en palabras. Tanto por correo electrónico como por teléfono. Pero sus frases, ya sean cortas o largas, son rotundas, frías, cortantes. En eso se asemeja a sus fotos. Nada es lo que parece. Por debajo de ellas habita una sensación de amenaza. Una relación entre lo real y lo metafísico. Cuando se contempla una de sus imágenes siempre se tiene el presentimiento de que algo, inesperado, va a ocurrir. Una atmósfera de intranquilidad lo llena todo.

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Marilyn; 28 years old; Las Vegas, Nevada; $30′, 1990-92. Fujicolor Crystal Archive print. 39,7 x 58,1 cm. Cortesía del artista y David Zwirner, Nueva York/Londres. 

El trabajo de diCorcia (más allá de sus colaboraciones puntuales con algunas revistas de moda, como W) surge con fuerza a principios de los años noventa, cuando presenta su serie Hustlers. Son retratos de prostitutos tomados en Hollywood. El artista les paga, por dejarse retratar, exactamente la misma cantidad (entre 20 y 30 dólares) que cobran por sus servicios sexuales. E incluso incorpora ese precio al título de las fotografías junto con el nombre del retratado.

El tiempo ha pasado muy bien por esas imágenes (que estos días vuelve a mostrar en su galería neoyorkina David Zwirner), aunque el propio artista tenga una mirada más crítica. “Los métodos que desarrollé para aquel trabajo han sido ampliamente utilizados y ya no son tan frescos, nuevos o radicales como lo eran hace 20 años”, reflexiona Philip-Lorca diCorcia. Puede que sea así, sin embargo el mensaje, la sensación de soledad, el desamparo y la tristeza que emanan esas personas son tan actuales como la recesión económica.

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Eddie Anderson; 21 years old; Houston, Texas; $20′, 1990-92. Fujicolor Crystal Archive print (76,2 x 101,6 cm). Cortesía del artista y David Zwirner, Nueva York/Londres.

La propuesta de este profesor y crítico de arte en la Universidad de Yale exige una mirada atenta. Y muchas veces surge la tentación de hacerle la misma pregunta (ya sea justa o injusta) sobre sus fotografías.

– ¿Sus imágenes son documentos de la vida real o escenificaciones teatrales? ¿Cortometrajes o películas?

– Son documentales cinematográficos de la vida real. De hecho son escenificaciones. Y espero que no sean teatrales. Teatralidad es el desagradable legado fotográfico por el que se me culpa o felicita –admite, franco.

Sin duda, en ese legado del que habla, tiene cabida una de sus propuestas más reconocidas, y que ya forma parte de algunas de las colecciones más importantes del mundo: su serie Heads (Cabezas). En ella eleva lo banal a la categoría de extraordinario. En 2001, con el empeño de llevar las posibilidades del retrato a sus límites, coloca una luz estroboscópica (que se activa por control remoto) entre varios andamios de la plaza de Times Square de Nueva York y fotografía (sin que ellos lo sepan) a los transeúntes que caminan por la calle. El resultado son retratos o planos medios que transmiten una mística sobrenatural. Individuos absortos en sus pensamientos que se mueven, ajenos, dentro de una miriada de personas. Pero volvamos al diálogo con diCorcia.

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‘Head nº13′, 2000’. Erno Nussenzweig, el hombre retratado en esta imagen, demandó al artista por tomar la fotografía sin su consentimiento. La denuncia fue archivada. Ninguna de las personas que aparece en esta serie cobró por ser fotografiada. Cortesía del artista y Pace/MacGill Gallery, Nueva York.

– Su relación con la industria de la moda ha sido estrecha. ¿Cree que hay una falta de creatividad en este momento en la fotografía publicitaria de moda?

– Las palabras “creatividad” y “fotografía de moda” no tienen sentido en la misma frase–, sostiene.

– ¿Por qué eligió la fotografía en vez de otros medios de expresión?

– Por falta de posibilidades–, responde.

– ¿Qué tipo de cámara usa?

– He usado muchas clases–, dice. Desde medio formato hasta cámaras panorámicas. Nunca utilizo 35 mm y tampoco empleo, de momento, máquinas digitales.

– ¿En qué está trabajando ahora?

– Estoy terminando lo que empecé en 2008–, comenta, parco.

Philip-Lorca diCorcia se refiere a su serie East of Eden (Al este del Edén), que es su trabajo más reciente, y que nos lleva a 2008. Año del colapso de la economía mundial, de las hipotecas basura y de la quiebra del banco Lehman Brothers. El fin del sueño de una interminable prosperidad en el que durante mucho tiempo vivió la sociedad estadounidense. Muchos sintieron ese final como si les hubieran expulsado de su particular jardín del Edén.

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´Sylmar, California’, 2008. Inkjet print. (142,2 x 180,3 cm). Cortesía del artista y David Zwirner, Nueva York/Londres. La foto es real, no se montó para el fotógrafo. Un cowboy, por sorpresa, atraviesa un paisaje calcinado.

De esa caída en desgracia nos hablan estas fotografías que exhibe (del 25 de septiembre hasta el 16 de noviembre) diCorcia en la división londinense de la galería David Zwirner. Una mujer ciega, con evidente sobrepeso, es retratada de espaldas a la entrada de un bosque con su perro lazarillo. Es, para el artista, una moderna Eva obligada a abandonar el paraíso tras morder la manzana. Un cowboy –personaje esencial en la mítica estadounidense– llega (fotografía superior) a un paisaje idílico. El vaquero representa el triunfo de la individualidad americana. Pero si nos fijamos con atención vemos que el paisaje está arrasado por el fuego. En otra imagen (primera foto de este post), una mujer, sentada sobre el borde de la cama de un hotel de lujo, observa la ciudad mientras espera, impasible, la llegada de un amenazante tornado que se muestra en la televisión.

En las fotos de Philip-Lorca diCorcia nada es lo que parece. Todo requiere una mirada más atenta. Una segunda lectura. Como en la vida. Como en el arte.

fuente:elpais.com, Miguel Ángel García Vega (11/09/2011)

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