Un fotógrafo llamado William Christenberry

Llega por primera vez a España una gran exposición del fotógrafo del Sur de los EEUU que mejor retrató el paso del tiempo

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Fireworks Stand, Hale County, Alabama, 2007 © William Christenberry

William Christenberry Un fotógrafo llamado William Christenberry

William Christenberry

La obra fotográfica de William Christenberry recoge como ninguna otra el paso del tiempo. Pero a diferencia de las de otros fotógrafos que experimentaron con esta misma realidad, como hizo Nicholas Nixon con las hermanas Brown, a las que fotografió en diferentes épocas de su vida, Christenberry evita la presencia de personas en sus fotografías y sólo capta el paisaje y los efectos que los seres humanos y la propia naturaleza provocan sobre él.

Sus escenarios son los territorios del Sur de los Estados Unidos, un sur marcado por el racismo y la violencia y por una lejana guerra civil cuyos efectos estaban aún muy presentes en los años sesenta del siglo XX. El Sur de los Estados Unidos es para Christenberry lo que París fue para Eugene Atget y Brassaï o Praga para Josef Sudek.

Fotografiar la decadencia

Nacido en Tuscaloosa, Hale County, Alabama, en 1936, William Christenberry estudió Bellas Artes y llegó a iniciar una carrera de pintor en el campo del expresionismo abstracto. Pero un día de 1960 tropezó, en una librería de viejo de Alabama, con un ejemplar de “Elogiemos ahora a los hombres famosos”, uno de los libros decisivos en la historia de la fotografía universal, publicado 25 años antes, cuyos textos, del escritor James Agee, estaban ilustrados con fotografías de Walker Evans. Ese libro recogía instantáneas de trabajadores de las granjas de Alabama y territorios cercanos, y cuando se lo mostró a su abuela, ésta podía identificar a casi todos los personajes que poblaban aquel universo.

Christenberry tenía una vieja Kodak Brownie con la que hacía las fotografías que servían de modelo a sus cuadros, ese tipo de cámaras amateur con las que se obtienen fotos en color saturado, de brillo intenso, cuyos carretes revelaba en un laboratorio de la ciudad. Con ella inició la actividad que le convirtió en uno de los fotógrafos más relevantes de los Estados Unidos. Comenzó regresando a los escenarios de “Elogiemos ahora a los hombres famosos”, volviendo a fotografiar las personas, los paisajes y las casas que figuraban en la obra de Agee y Evans, y el resultado le reveló los efectos del paso del tiempo sobre los escenarios de aquel paisaje: la pérdida de identidad, la decadencia, el envejecimiento, la muerte. Todo ello consecuencia de los efectos de la Gran Depresión sobre las gentes y los territorios rurales de la América profunda.

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Desde entonces, la fotografía de Christenberry capta los procesos de transformación y descomposición de los escenarios del Sur de los Estados Unidos a través de casas de madera abandonadas, mansiones de ladrillo derruidas, almacenes vacíos y destartalados, iglesias rurales, paisajes devastados, cementerios, el viejo y oxidado vagón de un tranvía abandonado en una pradera… reliquias de un mundo desvanecido, lugares en proceso de descomposición en los que se percibe aún la huella de la vida pasada. Un ejemplo paradigmático es la “Casa del Quiromántico”, regentada por un tío abuelo, a la que fotografió durante 30 años, desde el abandono de sus moradores hasta que de ella sólo quedó el descampado sobre el que se asentaba. También siguió paso a paso la degradación de la casa de sus abuelos, en la que nació, y una de cuyas habitaciones se trasladó completa a varios kilómetros, para transformarse en la nueva estancia de otra casa diferente.

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Christenberry rescata los paisajes urbanos de pequeñas ciudades, con calles desiertas, edificios degradados, gasolineras y viejos cafés que exhiben a su entrada esos carteles que Christenberry colecciona como fetiches irrepetibles y que en esta exposición pueden también contemplarse: carteles hechos a mano, letreros publicitarios que invaden muros y fachadas, oxidados, con impactos de bala alguno de ellos, decolorados por el sol, embellecidos por el tiempo. Objetos cotidianos convertidos en nuevas experiencias estéticas a través de su descontextualización, al modo de los ‘objet trouvés’ de Marcel Duchamp, artista al que rinde homenaje en la serie “Alabama Box”.

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​Y luego están los cementerios rurales. Con lápidas adornadas de cruces hechas con hueveras, corazones de crespón, flores de papel, un conejo de plástico en la tumba de un niño, la estructura de la cama de hierro que circunda la tierra que estercola el difunto a quien perteneció…

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© William Christenberry

​Hay una serie dedicada al Ku Klux Klan, la organización racista por la que Christenberry sentía verdadera repugnancia, a la que fotografió de forma clandestina y a la que dedicó la instalación “The Klan Room”, una fantasmagoría dramática con objetos, maquetas, accesorios y artículos relacionados con la organización, varias veces saqueada.

​En esta exposición (Fundación Mapfre hasta el 24 de noviembre) pueden contemplarse también esculturas a las que Christenberry llama “Building constructions” (prefiere no llamarlas maquetas y en verdad son algo más que eso), reproduciones de casas de madera de la época y de iglesias rurales, verdaderas obras de arte con todos los detalles cuidados hasta el extremo.

fuente: periodistas-es.com, Francisco R. Pastoriza (11/11/2013)

 

 

 

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