Elvis y el fotógrafo invisible

Alfred Wertheimer hizo 2.500 retratos de Presley en 1956
Esa visión cercana del futuro ídolo de masas ahora puede verse en una galería madrileña

elvis1
“En aquel momento [el 30 de junio de 1956, en los pasillos del Teatro Mosque, en Charlotte, Virginia, antes de una actuación] ni siquiera sabía si se conocían o no. La imagen visualmente funcionaba y no me importaba nada más. En 2011 la mujer apareció. Vivía en Carolina del Sur. En el momento en que se encontraron ella era Bobbi Owens, y tenía 20 años. Tras casarse se convirtió en Barbara Gray. Estaba muy enfadada conmigo. Me dijo que me había llamado en 1975, para pedirme una copia y que yo le colgué el teléfono. En esos momentos guardaba las fotos en mi sotano. Durante muchos años nadie quiso fotos de Elvis. El día en que murió me llamaron de la revista ‘Time’, para pedírmelas. Y a partir de entonces se empezaron a mover”. Alfred Wertheimer / © cortesía MONDO GALERIA

“Todo. Lo recuerdo todo”, afirma con firmeza Alfred Wertheimer desde su casa en Nueva York. Envidiable seguridad teniendo en cuenta que ha cumplido 83 años y habla de las semanas que pasó retratando a Elvis Presley entre marzo y julio de 1956. “Yo fui solo un nombre en una lista de fotógrafos. El freelance que contestó al teléfono cuando llamaron de RCA. El que estaba disponible el 17 de marzo. Y al final se ha convertido en el encargo más largo de mi vida. Dura ya 57 años”.

elvis2
“En el teatro había 3000 fans esperándole, pero él solo tenía ojos para su cita del día”. Alfred Wertheimer / © cortesía MONDO GALERIA

Son tantos los detalles que atesora —desde la marca de la maquinilla de afeitar de Elvis al repertorio de los conciertos— que o su memoria es colosal o ha repasado muchas veces las 2.500 instantáneas que tiró. “La primera vez que le vi estaba en una habitación, antes de actuar en televisión. Se miraba con atención la mano izquierda. Le dije: ‘Elvis, vengo a hacerte fotos, si no te parece mal’, pero me ignoró. Siguió fijándose en sus dedos. Entonces vi que llevaba un anillo con una cabeza de caballo de oro rodeada de diamantes. Lo había encargado y estaba decidiendo si se lo quedaba. Se concentraba mucho en cada cosa que hacía. Daba igual que estuviera peinándose, ligando o cantando. No le importaba lo que pasaba a su alrededor y eso le hacía perfecto para mi forma de entender la fotografía. Me gusta volverme invisible. Llegó un momento en el que podía estar a 90 centímetros de él, y ni siquiera me saludaba”.

Pensé: ‘Este hombre es especial, es único. Pégate a él’. Tenía cualidades que nunca había visto en nadie”

Wertheimer tenía 26 años cuando le reclamaron para fotografiar al futuro Rey del rock, que con 21 visitaba Nueva York para hacer su debut en la televisión nacional. Todavía era solo un cantante de moderado éxito. Un paleto del sur, mal visto en la gran ciudad. “¿Elvis quién?’, pregunté cuando me dijeron su nombre. Jamás había oído hablar de él”.

Algunas de esas instantáneas, convertidas en documento histórico, se exponen en Mondo Galería, en Madrid. Están a la venta y su precio va de los 1.700 a los 4.000 euros.

elvis3
LLevábamos 27 horas en el tren y ya nos acercábamos a Memphis. Elvis fue al baño a lavarse las manos, pero no había papel ni toallas. La postura de las manos es simplemente él sacudiéndolas para secarse”. © Alfred Wertheimer / cortesía MONDO GALERIA

Pero tan precisas son sus memorias como escasos sus juicios de valor. Apenas habla del Elvis persona. Él era su objetivo. Solo eso. “No soy un crítico musical ni un psicólogo, soy un testigo. Lo que intento hacer es desaparecer para que el fotografiado aparezca. Para mí tenía dos grandes virtudes. Permitía que me acercase y hacía a las chicas llorar. Tenía poder, era increíble. Yo había fotografiado a Sinatra o a Paul Anka, pero esto era distinto. Pensé: ‘Este hombre es especial, es único. Pégate a él’. Tenía cualidades que nunca había visto en nadie. Por eso aquella tarde decidí viajar con Elvis si conseguía permiso”.

elvis4
“Es el hotel Warwick. Fue el día de nuestro primer encuentro. Acabábamos de volver del ensayo.Teníamos que estar en el estudio a las ocho. Él quería descansar y ducharse antes. Se tumbó en el sillón y sacó una bolsa, la vació y había alrededor de 50 cartas de fans. Las miró un rato. Después se tumbó en silencio. Decidí hacerle fotos, y después me quedé dormido en el sillón”. © Alfred Wertheimer / cortesía MONDO GALERIA

Lo consiguió y paso varias semanas a su lado. Haciendo fotografías en cualquier momento. Elvis en el baño y en el escenario. En trenes, hoteles o en la tele. Meses después, su fama le aislaría del mundo, pero entonces viajaba casi solo, con su primo Junior como consejero y con su manager, el siniestro Coronel Parker.

De la hora de charla con el fotógrafo se deduce que el Elvis que conoció es el que aparece en las fotos: un mocetón apuesto, callado y carismático. Un carisma que empleaba para la seducción, ya fuera en masa en sus apariciones públicas, o en privado, en la constante caza de presas, de las que, al parecer tenía un apetito voraz. “Una de mis fotos favoritas es la de Elvis con su primo en un restaurante. Una camarera les pregunta que van a pedir. Junior está pensando en el menú. Elvis está fijándose en ella. Quince minutos después de la imagen estaba abrazándola”.

elvis5
“Cuando desperté, 20 minutos después, Elvis ya no estaba en el sillón. Escuché un zumbido que venía del baño. Me acerqué. Se había duchado, estaba solo con los pantalones, la toalla al hombro, y peinándose con mucha concentración. Se había afeitado y tenía su prqueña maquinilla eléctrica a su lado.Ese era el zumbido que había escuchado. Me fijé en que tenía un tónico capilar al que le había echado brillantina. Le hice fotos, pero él parecía no darse cuenta, solo le preocupaba que el peinado fuera perfecto”. © Alfred Wertheimer / cortesía MONDO GALERIA

O su más famosa foto, en la que el cantante aparece besando a una fan. “Ella era solo una chica en el backstage. En mi imaginación era una femme fatale, y para Elvis solo era una pequeña conquista en el tiempo libre que tenía antes de salir al escenario. Lo demás carecía de importancia para mí. Soy una persona visual. Mi única preocupación es conseguir la imagen”.

elvis6
Elvis intenta arrancar su Harley en Memphis, donde pasaba unos días con su familia. “No lo conseguía, y entonces descubrió que estaba sin gasolina. Uno de sus primos fue a buscarla”. © Alfred Wertheimer / cortesía MONDO GALERIA

Y un carisma que otros sabían aprovechar. El Elvis de los retratos parece saber que lo tiene todo para conseguir el éxito, pero el cómo conseguirlo se lo dejaba a otros. “En aquel momento todo el mundo le decía lo que tenía que hacer. Yo era el único que le dejaba ser él. Era mi primer año como profesional y no me atrevía a dirigirle. Si me hubiera pillado dos más tarde lo hubiera hecho. Pero por eso las fotografias han envejecido tan bien”.

elvis7
Fue la última vez que le vi. En los muelles de Brooklyn, el día en que embarcaba para el servicio militar en un barco llamado US Randall, con otros 6000 soldados, camino de Alemania. Dio una rueda de prensa. Llevaba el pelo corto y no tenía patillas. Había 250 medios. Era un imán para el reclutamiento. El general que dirigía el show, vestido de paisano, aseguraba que le trataban como a cualquier otro soldado. Pero por supuesto que no era así. Era una superestrella”. © Alfred Wertheimer / cortesía MONDO GALERIA

Incluso el ejército se aprovechó. La última vez que se vieron fue en el puerto de Brooklyn, en 1958, cuando partía al servicio militar. “Lo negaban, pero le usaron como un imán para conseguir reclutas. Por eso iba con uniforme de gala y no con el mono verde que vestían los 6.000 que embarcaron con él. Seguía pareciendo una estrella. La única diferencia era que se había cortado el tupé”.

fuente: elpais.com, Iñigo López Palacios, Madrid (16/11/2013)

Anuncios