Alberto Martí: las fotografías del éxodo gallego

Las lágrimas de una despedida

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© Alberto Martí

A sus noventa y un años, Alberto Martí Villardefrancos lo ha visto casi todo. Pero no solo lo ha visto, sino que lo ha retratado, y lo ha convertido en inmortal, en historia y en leyenda. Este fotógrafo, «valiente, valiente», como él se define, retrató bodas, bautizos, comuniones, entierros, niños y mayores, accidentes, gente del campo y de la mar, gallegos, sobre todo coruñeses, de lluvia y calma como los de Miguel Hernández, y a muchas de esas personas que con el corazón más que «partío» se disponían a hacer las Américas, con el corazón en un puño y las lágrimas de un largo adiós en los ojos.

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© Alberto Martí

Esos emigrantes, esos gallegos que se la jugaron allende el océano, que dejaron atrás a todos y a todo, con un nudo de morriña en la garganta, son los protagonistas de la exposición «Os adeuses». Fotografías de Alberto Martí», que ayer se inauguró en la Casa de Galicia de Madrid. La muestra alberga setenta y tres fotografías en blanco y negro realizadas por Martí Villardefrancos, que muestran el éxodo gallego hacia América entre los años 1957 y 1963 desde los puertos de La Coruña y Vigo.

En las grúas del puerto

Alberto Martí se pasaba por estos puertos cuando había embarques y dejaba constancia con su cámara de tristezas, despedidas, larguísimos adioses, lágrimas y pañuelos empapados, en un trabajo en el que a menudo corría bastantes riesgos, ya que como él mismo cuenta «a menudo, para hacer las fotografías me subía a las grúas del puerto de La Coruña, por supuesto con el permiso de los directores de obra del puerto», un trabajo fotográfico que como cuenta Martí «me hizo conocer todas las azoteas y todos los sitios altos de La Coruña, hasta las altísimas antenas militares».

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© Alberto Martí

Además, eran los viejos tiempos y el fotógrafo Martí «iba con máquinas grandes con trípode y todo, vamos que me jugaba la vida. La verdad es que era bastante atrevido, pero Dios me ayudó. Sí, creo que fui un fotógrafo muy valiente, muy valiente, y además no paraba un minuto».

Un millón de fotografías

Algo que no se puede poner en duda, ya que asegura Martí que su archivo está repleto. «Madre –exclama con alegría, al otro lado del hilo telefónico–, tengo millones de fotos, de verdad, no olvide que a los quince años ya estaba haciendo fotografías». Martí empezó a trabajar a los diez años, como niño de los recados en la tienda de fotografía de Ángel Blanco, un hombre que le cogió cariño y que al jubilarse traspasó su negocio de la calle Real a don Alberto por un buen precio. Poco tiempo después de la adquisición, Martí ya disponía ocho tiendas a lo largo y ancho de La Coruña. Pero mientras, además de empresario (con treinta personas a sus órdenes) «yo seguía haciendo fotos. Tantas que no echo de menos no haber hecho alguna, creo que lo hice todo». Hasta algún Desfile de la Victoria.

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© Alberto Martí

Ojo avizor

La exposición «Os adeuses» muestra una época muy definida de la historia contemporánea gallega, que afectó a todos los niveles de la sociedad en sus aspectos económicos, políticos y sociales. Martí, ojo avizor, estaba allí, dispuesto a revelar con su objetivo alegrías y tristezas, desilusiones y esperanzas, que partían en los grandes vapores y buques de transporte de aquellos puertos. Alberto Martí inmortalizó un tiempo y un espacio nutridos de sentimientos, de ilusiones compartidas, de familias dejadas atrás por la necesidad, de gente que buscaba al otro lado del mundo un porvenir. Imágenes como las de los filmes neorrealistas italianos de Roberto Rossellini, Luchino Visconti, Vittorio De Sica, Michelangelo Antonioni.

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© Alberto Martí

Recuerda Martí que en aquellos tiempos «sí se vivía bien de la fotografía, no como hoy», y cree que actualmente las cosas de la fotografía son mucho más fáciles. «Hoy está tirado hacer fotos», dice con muy buen humor. «Hacer fotos es lo más fácil del mundo con esas maquinitas en las que no falla nada. No es como entonces, con el magnesio, el gran angular, el teleobjetivo… ahora hacer fotos es coser y cantar, incluso al momento sabes si han salido bien. Hace años, hasta llegar al estudio ni siquiera sabíamos si alguien había salido con los ojos cerrados».

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© Alberto Martí

Y abiertos, muy bien abiertos, ha tenido sus ojos Alberto Martí Villardefrancos durante su larguísima carrera, ojos bien abiertos, para no dejar escapar ningún instante que valiera la pena en su tierra gallega. Como en esta muestra de imágenes para un largo adiós.

fuente: abc.es, Manuel de la Fuente, Madrid (04/12/2013)

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