Bienvenidos a “Puerto Eterno”

Juan Manuel Díaz Burgos inaugura en el Palacio Consistorial de Cartagena su última exposición, un viaje al corazón marítimo de su ciudad, que podrá visitarse hasta el 16 de junio

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Puerto de pescadores
. © J.M. Díaz Burgos

Un anciano. Parece un muerto. Parece un alma en pena. Como encerrado en un ataúd, apenas iluminado, apenas insinuado. Es un pescador de Rota que Juan Manuel Díaz Burgos (Cartagena, 1951), fotografió en blanco y negro en 1988. La imagen se llama ‘Pescador’ y el viejo modelo recuerda al protagonista de ‘El viejo y el mar’, de Hemingway. Pasa con muchas de las fotografías de Díaz Burgos: recuerdan a otras gentes, a otros lugares, a otros mundos posibles. Viajas con ellas. Ahora, pasada más de una década, otro pescador, retratado a todo color en el enclave pesquero de Santa Lucía, en Cartagena, protagoniza envuelto en el misterio y la niebla la instantánea titulada, sin más, ‘Pescadería. Santa Lucía’. Esta imagen, en la que un pescador de espaldas parece mirar al Más Allá, al centro de la Tierra, a los secretos del mundo submarino y a los abrazos perdidos, es la elegida por Díaz Burgos para el cartel de su última exposición, ‘Puerto eterno’, un himno al universo portuario de su ciudad que se inaugurará, el 1 de febrero -a las 19.30 horas-, en el Palacio Consistorial de Cartagena, donde podrá contemplarse hasta el 16 de junio. Se mostrarán un total de 125 fotografías, realizadas entre 2010 y 2012, en las que te dan ganas de bañarte, pasear, ponerte a conversar, descansar o ponerte a hacer preguntas.

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Cala Cortina. 
© J.M. Díaz Burgos

El mundo del fotógrafo cartagenero, casi siempre en blanco y negro, tiene sangre en sus venas y un ansia de exprimir la vida hasta su última gota de jugo, y eso aunque muchas veces sus atmósferas sean tristes o extrañas como si estuviese a punto de estallar una tormenta eterna. Jóvenes y mayores enamorados, rostros enormemente dignos, modelos en su totalidad anónimos -si bien en ‘Puerto eterno’ aparece retratada su familia: mujer, dos hijas y dos nietos-, tradiciones, desamparos, soledades, caricias, cuerpos disfrutando de la sal y el azul de Cala Cortina y la disparatada Algameca Chica, cuerpos trabajando, descansando, alimentando nostalgias y embarcados en un presente duro o en lejanas aventuras… Todo eso aparece en ‘Puerto eterno’, junto a deportistas, faros, piraguas, museos, el submarino Peral, estampas al sol de Semana Santa, carnavales, fiestas de Carthagineses y Romanos, militares, estudiantes, turistas, submarinistas, esculturas… Fotografías en las que conviven lo sutil y el espectáculo, la evidencia y lo subterráneo, la desgracia y la gloria, las luces del amanecer, el viaje, los juegos, la inmigración y el orgullo de vivir en un lugar del que, antes de atacar Cartago-Nova, le dijo Publio Cornelio Escipión a su ejército: «Seremos dueños de una ciudad tan notable por su belleza y opulencia, como cómoda por su excelente puerto»

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Paseo Marítimo. © J.M. Díaz Burgos

Díaz Burgos retrata la vida porque no podría vivir la suya propia de otra forma. «¿Qué hago yo sin una cámara?», se pregunta sin mucho interés en encontrar la respuesta, porque no tiene ni idea.
A Díaz Burgos, en apariencia un ser en calma, en su interior una centrifugadora de nervios e inquietudes, le interesa más la realidad que muestra en sus fotografías que la realidad de la que éstas se nutren. Las esculpe con embeleso en su laboratorio, cuyos secretos solo él conoce. «Todas sus fotografías tienen una marcada temperatura emocional», dice su amiga Lola Garrido, para quien en las obras del fotógrafo «la belleza bordea siempre lo terrible».

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Navantia – Construcción submarino S-80. © J.M. Díaz Burgos

A veces, como señala Miguel Castro Muñiz, Díaz Burgos -autor de numerosos trabajos, como ‘La Habana. Visión interior’, un hermoso libro editado por Lunwerg-, consigue «obligar a lo cotidiano a hacer un alto en el camino» y «enseñarnos que la culpa de la cara no la tiene el espejo». El fotógrafo cartagenero logra con naturalidad enseñar a través de sus obras un mundo de sigilos en el que tienen cabida las historias de huidas y esperanzas.

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Un día de carnaval. © J.M. Díaz Burgos

La pasión que siente Díaz Burgos por Cartagena, su puerto y su costa mediterránea, tiene un origen perfectamente dibujado en su memoria: «Mi infancia, parafraseando al poeta, son recuerdos de una calle luminosa, bulliciosa y tremendamente viva, donde habitaban en su mayoría gentes trabajadoras, honestas y humildes, en unos tiempos durísimos en los que hombres y mujeres luchaban día a día por salir del oscuro y horroroso túnel que la vida, y lo que no es la vida, les deparó». Cerca de la Calle del Ángel, precisa el fotógrafo, uno se asoma «a una de las bahías más bonitas de todo el arco mediterráneo, y cómo no, a su puerto». «En estas condiciones», recuerda, «doy mis primeros gritos a la vida, oliendo a mar, escuchando de noche el graznido de las gaviotas, junto a las graves bocinas de los barcos entrando o saliendo del puerto. No sería entonces descabellado pensar que desde niño, aquel espacio se convirtiera para mí en algo fantástico y mágico». Ahí empezó todo. Llegó el descubrimiento de espacios que marcaban las infancias: el muelle del carbón y la pescadería, las atracciones conocidas como ‘los caballitos’ y el muelle de Alfonso XII, «auténtico escaparate del puerto cartagenero y donde convivían pescadores de caña, paseantes y militares, y donde la principal atracción dominguera era ver aquellos destructores españoles, los llamados ‘cinco latinos’, que en infinidad de ocasiones descansaban en el mismo pretil del muelle».

Familia

Pasado medio siglo, convertido desde hace años en un fotógrafo de prestigio y tras haber fotografiado en mil lugares de países distintos, despertó en él el deseo de «hacer un recuento de ese pasado y unirlo a un presente evidentemente diferente en muchos aspectos, pero no tan lejano en otros. “Y lógico es que lo haga a través de la herramienta con la que más a gusto me puedo expresar, la imagen. Así pues, este trabajo es un homenaje a mi tierra y a mi infancia, unidas de forma inseparable al recuerdo de mi familia”.

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Pescadería de Santa Lucía. © J.M. Díaz Burgos

«Como fotógrafo», explica, «es todo un reto plantear un proyecto en un espacio donde son innumerables las veces que mis ojos lo han contemplado, pero ese ‘cansancio’, por conocido, lo hace aún más deseable. Uno es quien es y se va formando a través de aquellos que nos antecedieron y que nos dejaron un camino y una enseñanza». «Ahora, después del tiempo pasado, los espacios y las personas, como si de un calidoscopio se tratara, han cambiado buena parte de la fisonomía de este paisaje. Aquellos muelles y viejos tinglados se han transformado, y aquellos lugares se han abierto a una Cartagena más moderna y en donde se han dado cita edificios que hoy son bandera y orgullo de nuestra ciudad».

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Arqua. © J.M. Díaz Burgos

Se refiere Díaz Burgos al Auditorio y Palacio de Congresos ‘El Batel’, al Museo de Arqueología Subacuática (Arqua), al Club de Regatas, al Museo Naval y a la Universidad Politécnica, «ubicada en antiguos edificios dedicados años atrás a la actividad militar y situados a escasos metros del Mediterráneo». Y también «a los nuevos muelles de cruceros y de carga, en Santa Lucía y San Pedro y, por extensión, a la importantísima obra de ingeniería llevada a cabo en los nuevos muelles comerciales del Valle de Escombreras y Refinería de Petróleos». «Sin olvidar», añade, «el cambio de imagen en los dos símbolos más importantes del puerto desde su vertiente histórica, el Arsenal Militar y la empresa de construcción de buques Navantia, antigua Bazán».

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La cola de la ballena. © J.M. Díaz Burgos

Díaz Burgos ha fotografiado un espacio que se ha convertido «en un referente histórico nacional, cantado y alabado por multitud de personajes famosos. Puerta de entrada al mestizaje y a la cultura, tan antigua como importante en el devenir de la formación política de nuestro país. Ave Fénix que ha sucumbido a mil batallas y por el que han navegado en el tiempo Asdrúbal, Escipión, Aníbal, Andrea Doria, Isaac Peral, Polibio y hasta el mismo Cervantes, a su regreso a España después de combatir contra los turcos»

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Algameca Chica. © J.M. Díaz Burgos

Este ‘Puerto eterno’ ha sido «testigo presencial de la ida y vuelta del Rey Alfonso XIII, base de galeras, salida de judíos y moriscos expulsados de España y capital de la zona marítima de todo el Mediterráneo español; motivos suficientes para que a este fotógrafo nacido a pocos metros de donde el muelle frena el agua, se le ocurra dedicarle tres años de su vida a pasearlo de manera especial y obsesiva con la intención de captar cómo, después de más de tres siglos de vida, este espacio aún convive y habita en paz y armonía con sus moradores; y lo que es más importante, los sigue enamorando».

La exposición ‘Puerto eterno’ se la dedica su autor «a Dolores, mi madre, por su entrega y amor y por enseñarme a sentir el Mediterráneo. Y a Pedro, mi suegro, curtido en mil batallas de mar, por su honestidad y entereza. A los dos, que deseasteis descansar siendo eternos vigilantes de este mágico puerto». Las cenizas de ambos se fundieron con su reflejo.

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Navantia. © J.M. Díaz Burgos

Díaz Burgos, uno de los autores más interesantes incluidos en la ‘Biblioteca de Fotógrafos Españoles’ de La Fábrica, disfruta especialmente cuando su cámara capta el estallido de los sentidos de los protagonistas de sus imágenes, en las que lo que hay por encima de lo anecdótico son historias de carne y hueso. También en ‘Puerto eterno’ habitan el deseo y la seducción, dos temas por los que siente debilidad el autor de trabajos como ‘Deseo’, en el que una vez más dejó patente su admiración y respeto por los países de América Latina.
‘Puerto eterno’, cuyas imágenes se recogen en un cuidado catálogo diseñado por José Luis Montero, es la nueva exposición de Díaz Burgos tras las dos realizadas en 2012: ‘Bienvenidos a La Boca’, que pudo verse en la sede madrileña de la galería My Name’s Lolita Art; y la colectiva ‘La tierra más hermosa’, que se disfrutó en Casa de América.

Honesto

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Algameca Chica. © J.M. Díaz Burgos

Juan Carlos Moya, comisario de exposiciones, indica a propósito del modo de crear del artista cartagenero: «Con el presente convive, lucha, juega, llora, se enamora y se enfrenta Díaz Burgos, uno de los más relevantes reporteros documentalistas que posee este país. Sus trabajos son sinceros, honestos y, desde el epicentro del alma, este trotamundos nos ayuda a descubrir con sus fotografías otros instantes, otras vidas». «Representa -añade- la existencia sin adornos ni florituras, desde la desnuda y a veces cruel mirada de alguien que quiere hacernos partícipe y, si es posible, implicarnos en el mundo que nos rodea y por el que transitamos demasiadas veces como autómatas».

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Desde El Calvario. © J.M. Díaz Burgos

Ahora, Díaz Burgos está liado hasta el cuello con esta exposición que le ha permitido rendir homenaje al que, para él, es el corazón y el pulmón de agua de su ciudad, pero en cuanto pueda regresará a Cuba -«confieso que allí no hay ron malo»-, donde desde hace años el fotógrafo ha ido recopilando cientos de imágenes que son como besos, como pequeñas ventanas por las que, a miles de kilómetros del lugar, se puede respirar al ritmo de sus habitantes. Son como olas lejanas que lo llaman y que lo esperarán eternamente.

fuente: laverdad.es, Murcia, Antonio Arco (30/01/2013)

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