Tras las huellas de la música con más ángel

El fotógrafo Jordi Oliver y la realizadora Eva Vila dibujan el mapa invisible de la memoria viva gitana

jordi2
Junto al mar. Historia de la imagen: “En Saintes Marie de la Mer se reúnen cada final de mayo romaníes, manouches, tziganes y gitans, que vienen de toda Europa e incluso de otros continentes, para venerar a su santo, el Sara Negro. Acampan en las calles, en las plazas, en la playa. Durante ocho o diez días, se sienten en casa. La peregrinación es también la ocasión para encuentros de amigos y familiares, y la mayoría de los niños son bautizados en la Iglesia de los Santos”. Oliver encontró la foto, dice, en un atardecer en la playa llena de músicos que tocaban canciones como el himno gitano ‘Jelem Jelem’ y se mezclan las musicas de todas las variedades, desde la rumba hasta la fanfare. El protagonista de esta imagen se llama Fanfare Vagabond y es de Rumania; vive y toca desde hace muchos años en Marsella.© Jordi Oliver

“Las distancias no son tan grandes porque la música viaja más rápido de lo que pensamos”. El fotógrafo Jordi Oliver (Barcelona 1966) lo dice sin titubeos y con conocimiento de causa: él hizo miles de kilómetros desde Jerez de la Frontera hasta el estado de Rajastán en La India tras las huellas de la cultura gitana y de sus manifestaciones musicales. Las 65 fotografías que publica en su libro Gypsy Soul (alma gitana), editado por un proyecto de crowdfunding, nos llevan por un mapa que se comenzó a trazar hacia el siglo X, con los primeros movimientos migratorios de la etnia hacia el oeste y en el que las fronteras se hacen difusas por los profundos lazos de las tradiciones que se heredan y pasan de padres a hijos. La cineasta y música Eva Vila (Barcelona 1975) ha reconstruido a su vez una ciudad que es invisible a muchos ojos. Bajarí. Historias de la Barcelona gitana une texto e imágenes para que sobresalgan de entre las rutas de la capital catalana los barrios y las familias marcados por una mujer de la que se cumplieron en 2013 los cincuenta años de su muerte y el centenario de su nacimiento. La escuela y el arte de la bailaora Carmen Amaya perduran en gestos, en pasos, y en voces.

jordi1
El sur de Francia. El relato del fotógrafo: “Taraf de Haïdouks es un conjunto musical romaní, originario de la comuna de Clejani, del distrito Giurgiu (judeţ) en Rumania. Es el grupo más célebre del género en la era postcomunista y su violonista Caliu es el más rapido que he visto tocar en mi vida. La imagen la realicé durante el festival de musica tziganie, Welcome Tziganie en Auch (Francia). Este es el momento entre bastidores, de conversación con otros músicos”. Oliver vio que esa era la fotografía y el gesto, el momento en que el gitano se pone la mano en el pecho y escenifica las gracias a Dios por seguir tocando musica. © Jordi Oliver

Oliver quiso ponerse en la piel de los retratados antes de presionar el disparador para emprender un viaje inspirado en otro que llevó a cabo el francés de raíces argelinas y gitanas Tony Gatlif, quien en el documental Latcho Drom de 1993 siguió la historia del pueblo desde el noroeste de la India hasta España. El fotógrafo aún siente un poco la crudeza del frío de Los Balcanes, esos días en Bosnia y Macedonia en los que apenas hizo fotografías porque la experiencia vital se le ponía muchas veces por delante. ¿Un recuerdo? Tampoco se lo piensa y rememora “los barrios gitanos en Sarajevo, totalmente separados de la ciudad y que son prácticamente guetos… casas destruidas por la guerra”. El terrible frío, y aquellos cafés y sopas que compartió en espacios reducidos en los que habitan casi una veintena de personas van en su mochila.

jordi3
Barcelona. Oliver recuerda este momento: “El Carpeta, con catorce años, resulta un término medio entre lo que hacían sus hermanos a esa edad, y además añadiendo un toque personal: la mirada del abuelo y la esencia del baile de Michael Jackson. Lo suyo es muy universal. La fotografia la hice durante un ensayo antes de un concierto en la sala Los Tarantos de Barcelona, es un retrato posado con postura flamenca, su expresión lo cuenta todo, creo que la cámara se fue directa a esa mirada profunda y a las facciones de su cara tan agitanadas. Es de los pocos retratos que tengo posados dentro del libro”. © Jordi Oliver

La separación entre unos y otros también es obsesión en el trabajo de Vila, por ese profundo abismo entre el flamenco, politizado “como folclore españolista” durante la dictadura de Franco, y el resto de la sociedad. “No tiene el lugar que le corresponde, ni siquiera en el sur, lo cual es una pérdida para nuestra cultura. Ha quedado con frecuencia relegado al turismo y a los tablaos”, explica esta realizadora que concibió asimismo la historia de Bajarí, el nombre con el que algunos gitanos llamaron a Barcelona, como documental del mismo título y un espectáculo de 2011. La idea surgió hace cuatro años. La sobrina nieta de Carmen Amaya, Karime, había aterrizado con 26 años desde México en Barcelona con la intención de quedarse y de buscar la herencia de su tía por las calles, encarnada en “boca de todos, en jóvenes talentos que la siguen”. Y el poder de la sangre y del genio, como describe la catalana, dieron el resto del hilo a la narración.

jordi4
Rajastán. Oliver usa el color para esta fotografía: “Me puse en contacto con Queeny Harish, la reina del desierto, por las redes sociales y me citó en medio del desierto cerca de Jaislamer, cuando caía la puesta de sol. Se maquilló y se transformó en una hora. De repente salió corriendo hacia el desierto, corrí como un loco detrás de ella, pero me era imposible ir tan rápido, se movía con una soltura caminando por las arenas del desierto que era imposible alcanzarla. Finalmente, llegó ante los camellos y posó. Me miró y me dijo: ‘This is the picture Jordi (esta es la foto)”. © Jordi Oliver

Jordi Oliver, un fotógrafo que ha buceado en su recorrido profesional en las historias de pobreza y superación, se enamoró del flamenco a los 16 años. Para contar las de Gypsy Soul sus grandes aliados fueron las redes sociales y los propios músicos, que le fueron abriendo puertas hacia otros países y las más de 1.500 imágenes que tomó por el camino. De cómo se reúnen los de distintas procedencias y en un instante son capaces de tocar música juntos como si lo hubieran hecho durante toda su vida va el título de su libro. “¡This is gipsy!”, exclamaban con júbilo al reconocerse mutuamente en esas notas no aprendidas en la escuela. Oliver habla con especial cariño de la ayuda de Esmeralda Romanez, amiga íntima del propio Gatlif, y abanderada de los derechos de los gitanos en una Europa que los sigue apartando y maltratando. “Ella me apadrinó como un gadjo dilo [extranjero loco en romaní]. Me han cuidado como a uno más de su cultura”. Una cultura, dice, cuyos miembros “mejor cantan y mejor música sacan, cuanto más jodidos están”.

jordi5
Expulsiones. “Florin Sandu se gana la vida tocando el acordeón por las calles de Arlés, cada día coge el instrumento y se va de terraza en terraza. Llevo dos años siguiendo a esta familia y se han convertido en mis amigos, los han expulsado cuatro veces de Francia; los cinco niños tienen trastornos por lo duro de las expulsiones. Gracias a la fotografía y su difusión más una recogida de firmas, se logró que el alcalde de Arles les diese una casa de protección oficial”, relata el fotógrafo. © Jordi Oliver

Bajarí. Historias de la Barcelona gitana, editado por La Fábrica de Madrid y el Ayuntamiento de Barcelona, es el resultado de muchas horas y conversaciones por esos lugares como San Roque, la Mina, la calle de la Cera, Gracia, Hostafrancs… en que la memoria se ha transmitido a través del arte. Los testimonios cuentan de este “como forma de vida” y las fotografías, realizadas por Joan Tomás, tratan de captar cómo unas generaciones se reconocen en las siguientes, y no precisamente por los rasgos físicos. Son esos gestos como la forma de rasgar una guitarra, asegura Vila, los que constituyen la herencia.

jordi6
Rajastán 2. De esta imagen, Oliver señala: “Los bopa es una de las últimas tribus gitanas nómadas que quedan en el desierto del Rajastán, en este lugar es donde nace la musica gitana. Sus cánticos y maneras de entonar recuerdan mucho al flamenco español y es donde realmente te das cuenta de que has llegado a la esencia del proyecto. Es de los momentos en donde sentí más emoción por ver que había llegado al origen de la musica; dar con ellos no es nada fácil, siempre están en continuo movimiento. Cuatro horas después de realizar esta imagen, ya habían desmontado su campamento y se habían marchado a otro lugar”. © Jordi Oliver

Jordi Oliver afirma que estos viajes para su libro han cambiado su historia personal, y que ahora se deshace sin complicaciones de cerrazones y ataduras. Es esa libertad, prosigue, la que atacan los Gobiernos de derecha europeos “que tratan de impedir que nadie se despendole”. Eva Vila es concluyente: “Los medios de comunicación han hecho un mal trabajo al destacar los tópicos. Es hora de hablar de otras cosas, del tesoro del arte”.

fuente: elpais.com, Flor Gragera de León, Madrid (10/02/2014)

Anuncios