El fotógrafo aficionado que ganó quince mil dólares en un solo día gracias a Instagram

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Si no navega usted habitualmente por las redes sociales, quizá no lo sepa, pero ha surgido en ese entorno una nueva categoría profesional, que utiliza ese medio como forma de ganarse la vida. Igual que ha ocurrido antes con la prensa o la televisión, internet y las redes sociales son una buena forma de lograr visibilidad para tu trabajo y lograr cierta fama, ya seas escritor, cantante, guionista, actor o fotógrafo.

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© Daniel Arnold

Pero una de las ironías de este medio es que puedes lograr la fama y aun así, no ver un duro. Al final del día, da igual cuantos followers, me gusta o retuits tengas: con eso no se pagan las facturas. Sigue siendo necesario encontrar una forma de monetizar esa fama, algo que algunos consiguen gracias a publicidad, otros dando el salto a la televisión o vendiendo su talento en forma de libros, artículos, fotografías o cualquier otra cosa que puedan producir. Las redes sociales son un gran escaparate, pero hay que encontrar la forma de ganarse la vida.

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© Daniel Arnold

Daniel Arnold lo sabe bien. Este neoyorkino de 34 años comenzó haciendo fotos de su ciudad y a publicarlas en su cuenta de Instagram en 2011 por pura afición, pero su talento pronto empezó a destacar entre la legión de imágenes insípidas decoradas con filtros vintage que pueblan esa red. Las fotos de Arnold retrataban la cotidianidad de Nueva York, sus calles llenas de gente, los pasajeros del metro, sus barrios escondidos. Algunas eran divertidas, otras tristes, muchas curiosas o sorprendentes, y en muchos casos rozaban la impertinencia, al acercarse a los retratados hasta exprimir todos los detalles.

¿Fotos de pechos? En Instagram tampoco

La afición se convirtió casi en una obsesión: llegaba a hacer unas 3.000 fotos a la semana, aunque solo publicaba unas cuantas. Y su cuenta de seguidores aumentaba, más en calidad que en cantidad: entre ellos había fotógrafos, periodistas y otros profesionales de la imagen y los medios. No en vano, Gawker le denominó “el mejor fotógrafo de Instagram”.

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© Daniel Arnold

Pero el empujón a la fama de Arnold llegó sin quererlo: en julio de 2012, publicó una fotografía de dos mujeres en topless en una playa de Brooklin. Una escena habitual en una playa, sin ninguna connotación añadida aunque ligeramente inquietante al ser retratada de lejos por un desconocido. La imagen se hizo viral, el móvil de Arnold se quedó sin batería en unas horas por la cantidad de notificaciones que recibió… e Instagram censuró su cuenta cuando alguien marcó la foto como inapropiada. La red de fotografías, propiedad de Facebook, prohíbe la desnudez, sea en el contexto que sea.

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© Daniel Arnold

Arnold intentó recuperar su cuenta, sin suerte. Así que se abrió otra, que comenzó a recoger a sus anteriores seguidores, y muchos más, atraídos por la polémica decisión de Instagram. El número de followers no ha dejado de crecer: la cuenta (de la que provienen las fotografías que ilustran este artículo y que les animamos a visitar) ahora mismo está en 42.000, y subiendo, y ya ha publicado más de 1.300 fotografías.

90 dólares en el banco y miles de ‘likes’

El número de dólares en su cuenta corriente, sin embargo, era mucho menos impresionante a principios de la semana pasada: 90 patéticos dólares. Arnold ha descubierto en estos años que de los likes no se come, da igual cuantos sean. “Ahora mismo estoy entre empleos, y no estaba ganando dinero con nada. He buscado trabajo como fotógrafo, pero en su ausencia paso los días paseando por la ciudad y haciendo fotos, a veces hasta 8 horas al día”.

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© Daniel Arnold

Un horario laboral completo que no daba frutos tangibles. Arnold no tenía ni idea de cómo iba a pagar el alquiler el mes que viene. El pasado día 6 de marzo celebraba su 34 cumpleaños y, sin mucho que celebrar, se reconoció a sí mismo que había tocado fondo. Pero la inspiración le iluminó repentinamente. ¿Si a tanta gente le gustaban sus fotos, por qué no venderlas?

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© Daniel Arnold

Así que a media noche publicó el siguiente mensaje (que ya no está disponible): “Hola, acabo de cumplir 34 años en este mismo segundo. Durante un solo día, vendo impresiones de 4×6 de cualquier foto que quieras de mi Instagram por 150 dólares cada una. Juro que no volveré a vender nada así de barato. Si estás interesado, envíame la captura de pantalla de la imagen que quieras por correo y te enviaré mis datos de PayPal, seguidos por una impresión de la foto firmada. Así de fácil. Feliz cumpleaños a mí mismo. Os quiero”.

Quince mil dólares en pedidos en 24 horas

Arnold no sabía qué esperar de su oferta, pero la respuesta le dejó sin palabras. Los mensajes comenzaron a llegar, ni al día siguiente ya había recibido el equivalente a 15.000 dólares, de los que ya había cobrado 5.000. Según cuenta Forbes, que ha hablado con Arnold, un seguidor le ha ofrecido 1.000 dólares por cada una de sus fotografías que haya recibido más de 1.000 me gusta, y así a ojo hemos podido contar una decena solo en el último mes. Otro le ha pedido una copia de la foto del topless por la que le expulsaron de Instagram hace casi dos años.

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© Daniel Arnold

La idea de este improvisado emprendedor era cerrar la venta a las 24 horas, pero ¿quién renunciaría a una fuente de ingresos de este calibre? Arnold asegura que aún está procesando las peticiones, pero no parece dispuesto a cerrar el grifo. “Después de todo, mis comidas durante todo el mes de febrero han consistido tostadas”.

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© Daniel Arnold

Arnold es un ejemplo de como una bien cultivada reputación online puede servir para ganarse la vida, aunque el suyo ha sido un éxito más bien por casualidad que por talento empresarial. Él mismo lo admite: “No soy un emprendedor ni nada parecido, soy idiota para los negocios”.

fuente: elconfidencial.com, Rocío P. Benavente (14/03/2014)

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